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División y derrota

División y derrota

Oquendo Medina

oquendomedina@hotmail.com

La derrota del PLD fue como consecuencia de su división interna. Quedando claramente establecido quién la propició y, por vía de consecuencia, quién es el único culpable. Veamos, pues. El PLD lleva a Leonel Fernández como candidato presidencial y gana las elecciones para el período 1996-2000. Finalizando su mandato le piden que modifique la Constitución tan solo para poder reelegirse pero él se niega rotundamente. El PLD selecciona a Danilo Medina como su candidato en el año 2000 y pierde el proceso electoral. En el 2004 vuelve Leonel y el PLD gana abrumadoramente las elecciones y gobierna hasta el 2012. Cede la antorcha y ese mismo año Danilo gana el torneo electoral con el apoyo absoluto de Leonel.

De 2012 al 2016 a Leonel, aspirante presidencial por su partido, lo atacan sin piedad intentando matarlo políticamente hablando. Fernández, quien fungía en ese momento como presidente de la organización, se recupera y apoya sin reservas a Medina, quien modifica la Constitución (reelección) para poder continuar gobernando.
En el 2016-2020 se entretejieron diabluras inimaginables por la cúpula del PLD en contra de Leonel, visto como seguro candidato y con las posibilidades reales de convertirse en presidente constitucional. A partir de 2018 Danilo y los suyos pretendieron reformar la Constitución otra vez. De nuevo un único punto: permitir la reelección. Cosa nunca antes vista ni siquiera en tiempo de Trujillo. Leonel condena esa intentona y la enfrenta de manera abierta. Mientras el comité político y los altos funcionarios intentaban por un lado hacer realidad esa barbaridad; por el otro no descansaban planificando y ejecutando cuantas cosas se les ocurriera contra de Leonel. Al extremo que llevaron a cabo un fraude el 6 de octubre del año pasado.

Ya no había vuelta atrás. Se creyeron invencibles y atacaron ferozmente a Leonel. Lo acorralaron, lo golpearon, lo humillaron, lo pisotearon y lo forzaron a renunciar. Al día siguiente, los únicos culpables de la división, aplaudieron henchidos de alegría y rebosantes de soberbia y se rieron y se abrazaron y bebieron y se emborracharon celebrando un «triunfo», producto de la codicia y de la cobardía.

El Nacional

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