De Los Angeles Times
LOS ANGELES.- Los Dodgers deberían parar de bailar por los alrededores y hacer de su matrimonio con Manny Ramírez uno apropiado. Yo estoy hablando aquí de un verdadero contrato, no el truncado que extrajeron durante la época libre, el cual cubre dos años pero permite al jugador con el swing más dulce del béisbol irse después de la campaña de 2009.
Quiero decir un compromiso real, de ambas partes, un pacto probablemente que se extienda al menos por cuatro años, el tiempo suficiente para que Ramírez deje un legado permanente en lugar de la posibilidad de alejarse el próximo invierno nada más que como una hermosa nota al pie.
Ellos lo aman, el los ama, de su propia manera. Antes del juego del jueves, cuando Ramírez y yo caminamos por el pasillo hacia la jaula de bateo debajo de las graderías, él alegó no saber nada acerca de La Tierra de Manny.
¿LaTierra de Manny? ¿Umm, qué es la Tierra de Manny? dijo.
Yo le expliqué y pareció confundido.
Yo no sé nada de eso, continuó, sonriendo profundamente. ¿Pero saben una cosa? Es bueno. Eso me cae bien. No hay problemas. Bueno para los fanáticos. Tú sabes, los fanáticos en Cleveland y Boston, fueron grandiosos conmigo. Pero los fanáticos de aquí, la forma como ellos me tratan, es especial. Yo diría que tenemos una conexión especial.
Yo le hablé de mi posición: que el equipo debería tomar el siguiente paso y abrir otra ronda de conversaciones contractuales ahora.
Hombre, yo no sé, dijo. Yo sólo juego. Honestamente, yo estoy feliz y ellos están felices conmigo. Pero ahora mismo, yo sólo juego y me divierto. El rápidamente cambió el tema de la conversación, preguntándome acerca de las virtudes de vivir en Pasadera, los restaurantes en Glendale, y diciendo que quizás debíamos tomar un bocado este fin de semana.
Manny siendo .no, no ese terrible cliché de nuevo. Digamos solamente que el jardinero izquierdo de los Dodgers está metido ahora mismo en una zona. En el camerino, en el terreno, hay luz en su pisada. Hablar de contratos gordos y dinero grande distrae demasiado, no es su cosa.
Aparentemente no es tampoco la cosa de los Dodgers. El gerente general Ned Colletti fue solamente un poquito más expansivo cuando me le acerqué. Le dije que el equipo debería ofrecer una extension. El dijo que tenía que pensarlo por un momento. Luego me envió un correo electrónico elogiando a Manny antes de apuntar: Dejemos que la cosa siga y el futuro se encargará de ella.
Seguro, yo sé, negociar otra vez, negociar ahora, no es un asunto fácil. Yo también sé acerca del riesgo de Ramírez jugar regularmente en el bosque a los 40 y acerca de la diabólica economía. Pero él nunca ha sido proclive a las lesiones y siempre se ha mantenido en una condición suprema. ¿La economía? Seguro, es espantosa, pero no es como si los mega-negocios más nunca serán hechos. Además, esto es L.A. ¿no puede cualquier cosa pasar aquí?
Escuchen a los fanáticos en La Tierra de Manny, los que se sentirán que han sido cortados en pedazos si Manny termina jugando en Cleveland el año próximo.
Esa sección, como el estadio entero, se puso eléctrica cuando Manny pegó un elíptico jonrón en el tercer episodio. Leo Ibarra, el maestro de escuela del Este de L.A., todavía estaba zumbando cuando me le acerqué. Usted ve, esa es la conexión que este tipo tiene con nosotros, dijo. El es parte de nosotros. Yo digo que lo firmen con un pacto más largo. Déjenlo terminar su carrera aquí. Es lo que todos nosotros queremos.
Es su autenticidad, su latineza, su estilo, dijo Ibarra.

