Opinión

Dolería mucho

Dolería mucho

República Dominicana figura entre doce países del continente que han dado un primer paso para activar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), bajo el alegato de que la crisis en Venezuela representa «una clara amenaza a la paz y la seguridad» de la región, lo que provoca temor de una intervención militar.
Esas naciones han correspondido a un intempestivo pedido del auto proclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, como forma de elevar la presión política contra el cuestionado mandatario venezolano Nicolás Maduro, pero se trata de un juego peligroso, posiblemente dirigido a control remoto desde otras latitudes.
Ese tratado, instituido el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro, establece que un ataque armado por cualquier Estado contra un país americano será considerado como un ataque contra todos los países de la región, y en consecuencia, cada una de esas naciones se compromete a ayudar a hacer frente a la agresión.

El TIAR ha sido invocado en más de 20 ocasiones, pero nunca activado, ni aun cuando lo solicitó Argentina para defenderse del Reino Unido en la Guerra de Las Malvinas (1982), porque fue rechazado por Estados Unidos, que a su vez pidió su activación ante los ataques a las Torres Gemelas (2001), lo que fue desestimado por México.

El controvertido convenio de defensa multilateral tampoco fue puesto en ejecución cuando la guerra entre Honduras y El Salvador (1969), pero extrañamente, bajo el amparo de la Organización de Estados Americanos (OEA) se pretende activar con la finalidad de justificar una intervención militar en Venezuela.

La OEA, que no tiene voto en ese tratado, ha convocado a los cancilleres de países contratantes para una reunión en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU), donde se decidirían las acciones a tomar que van desde un bloqueo al transporte aéreo y naval hasta el empleo de las fuerzas armadas.

Esa ominosa iniciativa coincide con ejercicios militares en la frontera colombo-venezolana y con el despido del Consejero de Seguridad de Estados Unidos, John Bolton, entre otras razones porque a pesar de los esfuerzos de Washington, Maduro sigue en el poder.

Cualquier escaramuza militar entre Caracas y Bogotá desataría los demonios en Nueva York, con la invocación de ese tratado para producir un tipo de intervención militar, de cuyo desenlace se lamentaría toda América Latina durante más de un siglo. Dolería mucho saber que República Dominicana, que sufrió hace 54 años una grosera invasión armada disfrazada de Fuerza Interamericana de Paz, se preste a esa ignominia.

El Nacional

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