Por José Rafael Sosa
El Nacional
Los ramos de palma que tendrán hoy en las iglesias su principal espacio de entrega y difusión, servirán para marcar oficialmente el inicio de la semana de mayor significado cristiano de todo el año.
Al efecto, la Semana Santa toma cuerpo en la liturgia a partir del recuerdo de palmas, pasión, fe, sacrificio y vuelta a la vida de entre los muertos del Hijo del Hombre, con la preciosa carga de perdón de pecados que se oferta nueva vez a un mundo necesitado de redimirse a sí mismo.
Con las palmas y los ramos con que se recibe hoy a Jesús en Jesuralem, preludio del inicio de su sacrificio y resurrección, se abre el período crucial de la fe cristiana, basada en la entrega del Hijo del Hombre en nombre del perdón de un mundo que, marcado por el pecado, no tuvo conciencia en ese momento de la oportunidad que se le ofrecía.
El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos.
La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triunfo de Cristo -aclamado como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por los cristianos- y el anuncio de la pasión, con la proclamación de la narración evangélica en la Misa.
En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas. Una que ha dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la ciudad santa. Y la tradición que refleja la austera memoria de la pasión que marcaba la liturgia de Roma.
La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado Pascua Florida, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.
Es una jornada que recuerda lo vano del homenaje popular descreído de fe verdadera y movilizado sobre la informal vertiente de moda del momento. Ese mismo pueblo que homenajeara a Jesús en un tiempo pasado ya hace 2000 años, será el que gritará !Crucifíquenlo!.
San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, gente que gritaba: «Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto».
Con este Domingo de Ramos se penetra a la Semana Santa, tiempo que sigue siendo considerado como período de sufrimientos, la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y se dedica a compadecerle por tanto dolor sufrido, en lugar de cambiar oportunamente esa perspectiva y reflexionar en el grande amor que le llevó a dar la vida por salvar la humanidad.
Para los cristianos, el Domingo de Ramos es el primer día de la Semana Santa, período en que conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Se inicia rememorando la Entrada de Jesús en Jerusalén. La fecha de celebración varía cada año, siempre en el entorno de los meses de marzo y abril.

