La Cámara de Diputados restaura su imagen al cumplir con la donación a hospitales públicos de los recursos asignados para fomentar el pernicioso clientelismo político. Los senadores deben imitar el ejemplo y desprenderse del oprobioso barrilito por medio del cual reciben cientos de miles de pesos para supuestas acciones de caridad.
El presidente del cuerpo, Abel Martínez, ha cumplido con la distribución del cofrecito entre centros asistenciales. Ahora, acompañado de legisladores, acaba de distribuir un millón 500 mil pesos entre cinco hospitales de San Juan, Pedernales, Barahona, Azua y San José de Ocoa.
En todo caso las obras de caridad ni la asistencia social forman parte de las funciones de los congresistas. Lo que tienen que hacer senadores y diputados es legislar para mejorar las condiciones de vida de la familia. Los diputados han dado el paso, pero los senadores todavía se resisten porque prefieren el clientelismo como práctica para la vigencia política.

