Como la mayoría de los estadounidenses, cuando pienso en la cena del Día de Acción de Gracias las imágenes del pavo, el relleno, la salsa de arándano, el puré de papas y el pie de calabaza surgen en mi mente. También, como la mayoría de los estadounidenses, disfruto igualmente de los diversos platos que millones de hogares de inmigrantes, a lo largo y ancho de los Estados Unidos, ponen en sus mesas reflejando la diversidad cultural que conforma los Estados Unidos.
Una de las heroínas desconocidas de la creación de la tradición del Día de Acción de Gracias como fiesta nacional, y la persona que más influyó para divulgar los ingredientes básicos que constituyen la cena tradicional de este día, es Sarah Josepha Hale, autora autodidacta, luchadora a favor de la educación de la mujer, y editora literaria que luchó durante casi 20 años y a través de las Administraciones de cinco presidentes estadounidenses para establecer una fecha que unificaría a la diversa población estadounidense para dar gracias. Una semana después de recibir la propuesta de la señora Hale, el Presidente Abraham Lincoln, en el 1863, decretó que el último jueves de noviembre se celebraría la fiesta nacional conocida como el Día de Acción de Gracias. Este día se convirtió en la tercera fecha nacional de los Estados Unidos, detrás del Día de la Independencia (4 de julio) y el cumpleaños del Padre de la Patria, George Washington.
En la era de la tecnología agroindustrial, el Día de Acción de Gracias continúa produciendo estadísticas impresionantes. Según el Departamento de Agricultura, unos 750 millones de libras de arándano se produjeron para que estuviese presente en la mesa del Día de Acción de Gracias el año pasado. Como ejemplo, para cubrir las necesidades nacionales de la batata – otro importante ingrediente en esta tradición – la República Dominicana suplió más del 60 por ciento (US$3.2 millones) de las importaciones de este rubro. Con esos niveles de consumo se hace un poco difícil remontarse varios siglos atrás y recordar los crudos inviernos y las enfermedades que tuvieron que confrontar los nativo-americanos y los colonos europeos en su momento. Durante mucho tiempo, los nativo-americanos utilizaban la danza y los rituales para garantizar una buena cosecha. Aunque los colonos celebraban el Día de Acción de Gracias, los austeros Peregrinos, para quienes las manifestaciones religiosas públicas eran prohibidas, daban las gracias con banquetes y juegos que duraban varios días.
Hoy, el Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos es un matrimonio de tradiciones que ha sobrevivido el paso del tiempo. El espíritu de esta historia se remonta al 30 de abril de 1598, cuando en la ribera del Río Grande muy lejos de la costa nororiental del país hecha famosa por los Peregrinos a unas 25 millas al sur de lo que hoy es la ciudad de El Paso, en Texas, una caravana de 400 colonos europeos y nativo-americanos de la región se detuvieron en su camino hacia el norte para celebrar juntos una comida de acción de gracias. Buscaban el camino hacia la seguridad y la paz. Esta fecha ha evolucionado como el producto combinado de rituales indígenas, tácticas de sobrevivencia de los colonos, el inicio de ideas feministas, y todo un mosaico de influencias étnicas que hoy permean la sociedad estadounidense a través de sus diferencias regionales. Los muy queridos juegos de fútbol americano que se celebran ese día, y los desfiles del Día de Acción de Gracias, ya forman parte de las actividades iniciadas por los Peregrinos. La celebración, el cuarto jueves de noviembre, mes en que se celebra el Mes Nacional de la Herencia Nativo-Americana, también le rinde tributo a la rica herencia cultural aportada por los pueblos que una vez habitaron la gran extensión de tierra que hoy conocemos como los Estados Unidos.
Fieles a los deseos de Sarah Josepha Hale, quien buscaba un evento cultural nacional de unificación y distinción en la celebración del Día de Acción de Gracias, el hilo de la continuidad se perpetúa a través del tiempo gracias a las recetas clásicas de Hale. Estas recetas se popularizaron a través de sus editoriales, escritos para la revista Ladies Magazine. La publicación, anunciada como la primera revista editada por una mujer para las mujeres, llegó justo al corazón del hogar. El carácter nacional de la fecha es atestiguada por el legado geográfico. Nueve lugares en los Estados Unidos han tomado su nombre del popular ingrediente de esta cena, el arándano, y otros 37 lugares llevan el nombre de Plymouth, en honor a la Roca de Plymouth, lugar donde por primera vez tocaron tierra los primeros Peregrinos y otros pasajeros quienes llegaron a la costa este de los Estados Unidos a bordo del barco Mayflower.
Durante 150 años se celebraron varios festivales similares, donde las personas daban gracias por las fructíferas cosechas del otoño antes de que el país se uniera para celebrar estos hechos. La diversidad de platos que adornan las mesas de los hogares de los Estados Unidos cualquier día de la semana también está presente en las cenas del Día de Acción de Gracias. Que sea mi favorito pavo con mole o arroz dulce y hongos negros, o el pescado majado tradicional de los judíos, las libertades planteadas en la Constitución de los Estados Unidos están ahí para el beneficio y protección de todos. De muchos, uno: E pluribus unum.

