El cambio en la policía era obligatorio, El pasado jefe duró tres meses más del estipulado por la ley orgánica de la uniformada. Dos años de gestión y un poquito más para el general Ramón Antonio Guzmán Peralta.
Se va pensionado con honores y pasa a ser asesor policial del Poder Ejecutivo. Un premio merecido para un policía de toda la vida. Después de estar en esa fragua de mandar día a día se merece unas vacaciones.
Tuvo un ejercicio que en muchas ocasiones fue discreto y en otras demasiado temerario. No se controlaron los llamados intercambio de disparos, que casi nunca se puede precisar si es en defensa o un exceso con el dedo en el gatillo.
La delincuencia no se desbordó, pero tuvo parámetros de tener ribetes de incontrolable, sobre todo en las zonas marginales y los barios populares. Hay nuevas modalidades del delito que se deben enfrentar de acuerdo con las circunstancias.
Uno de los puntos más criticados en todas las administraciones de la policía son los intercambios de disparos, o hasta donde se inflama el delito callejero. Los dos tienen que ser controlados, para tranquilidad del ciudadano.
El nuevo director de la policía mayor general Andrés Modesto Cruz y Cruz debe entrar con guantes de seda, controlar los intercambios de disparos y reducir los márgenes de la delincuencia. En sus fotos oficiales, debe mostrar una sonrisa para dar confianza a la ciudadanía.
Conoce bien la lucha contra el crimen que lleva a cabo la policía, porque ocupó desde noviembre del 2023 el cargo de inspector general de la institución. Cada director general tiene su librito, y no necesariamente sigue la senda trazada por el anterior.
Sin embargo, sería bueno que se le de continuidad al trabajo realizado por Guzmán Peralta. La nueva jefatura tiene que mantener la transparencia de sus actuaciones, y dar a conocer su investigación de los hechos de sangre, a las pocas horas de ocurrir.
Es de orden que en las buenas y en las malas se le diga al pueblo que paso está tomando la policía contra la delincuencia. Se debe mantener como un auxiliar de la justicia, no actuar como un juez implacable.
La aplicación de las penas que amerita el delito se sentencia en los tribunales en juicios oral, público y contradictorio y no en las calles. Las llamadas ejecuciones extrajudiciales siempre dejan la inquietud del principio de inocencia. La policía tiene que integrarse en la lucha por adecentar los niveles de convivencia en los barrios.
Por: Manuel Hernández Villeta

