Opinión

El bloqueo y la ilegitimidad

El bloqueo y la ilegitimidad

“Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, es el título del informe presentado por Cuba en septiembre, que sirvió de base a la resolución aprobada ayer con el voto contrario de Estados Unidos e Israel, la abstención de Polinesia, Islas Marshall y Micronesia y la ausencia de Libia y Suecia. ¡186 votos a favor!

 Pero el Premio Nobel de la Paz que es presidente de Estados Unidos desde enero del año 2009, prefiere hacer causa común con la ultraderecha en el tema de la política hacia Cuba, antes que escuchar al resto del mundo.

Cuando, en septiembre del año 2009 estampó por primera vez su firma en la disposición que ratifica la vigencia de la anacrónica Ley de Comercio con el Enemigo, Barack Obama dejó claro que cumpliría la promesa que hizo, siendo candidato, a los grupos ultraconservadores.

En el año 2008, declaró que estaba dispuesto a mantener el bloqueo, con el fin de estimular  cambios políticos.

El bloqueo fue objeto de  abrumadora condena en la votación de ayer, y hay que destacarlo. Queda claro de nuevo que   Obama no ha sido agente de cambio. La  política hacia Cuba es una entre muchas manifestaciones de esa realidad.

 Pero hay que apuntar también que el resto de los Estados no puede seguir tolerando que Estados Unidos imponga multas y ponga trabas a las firmas que suplen a Cuba determinados bienes y servicios. ¿Desde cuándo tiene carácter global o alcance universal la rancia Ley de Comercio con el Enemigo?

La Asamblea General, no emite disposiciones vinculantes ( sí lo hace el Consejo de Seguridad y en el seno del mismo, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China y Rusia tienen poder de veto), pero  es un escenario en el que se hace visible el sello de legitimidad y se desnuda la ilegitimidad.

El poder hegemónico   desconoce impunemente las normas fundamentales de convivencia y acentúa su hegemonía para ejercer impunemente su arrogancia.

 La dependencia política y económica ha impedido que Estados y organismos regionales articulen mecanismos de presión para obligar a las grandes potencias, y particularmente a Estados Unidos, a actuar siquiera dentro de los marcos de legitimidad reconocidos.

Desde 1992, la Asamblea General de la ONU ha emitido cada año una resolución de condena al bloqueo contra Cuba, pero el poder estadounidense lo mantiene. Y alimenta también el desconocimiento por parte de Israel de decenas de resoluciones contra el uso de la fuerza.

  Esas resoluciones serán, en el futuro, testimonios de episodios y procesos marcados por la ilegitimidad… La necesidad de crear organismos funcionales, participativos y horizontales, se torna cada vez más evidente… Hay que anotarlo…

El Nacional

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