Los amantes del bolero pueden estar tranquilos, porque esta manifestación musical romántica, que se atribuye al cubano Pepe Sánchez y su tema Tristeza (1883), está viva y coleando.
Así lo demostró Pedro Delgado Malagón en una reciente conferencia que dio sobre el tema, bajo el nombre de Tertulia musical sobre el bolero en el marco de la Asociación de Cronistas de Arte y Espectáculos de la República Dominicana (ACROARTE), con el apoyo del Ministerio de Cultura.
Claro que no se trata de que el bolero se haya mantenido todo este tiempo estático, sino que ha evolucionado y tomado diversas formas, reviviendo con toda su fuerza a principios de la década de 1990 con el álbum Romance, de Luis Miguel, después de lo cual surgieron diversos intérpretes que esperaban sacar provecho del éxito rotundo del intérprete mexicano, pero no lo lograron.
Los tres discos sobre la materia que grabó Luis Miguel no eran esencialmente boleros como nos hicieron conocer figuras como Lucho Gatica, Olga Guillot o Los Panchos, sino que su productor, Armando Manzanero, usó las letras y melodías originales transformándolas más bien en baladas que conquistaron a los jóvenes y a los no tan jóvenes. O sea, el objetivo se alcanzó con creces y hoy el astro azteca no puede realizar una actuación sin incluir esos temas en su repertorio.
De ahí que Delgado Malagón se haya quejado en su disertación de que en la actualidad «los compositores no escriben y que ya no hay intérpretes que se interesen por grabar nuevos boleros, sino que los que hacen recurren a los temas clásicos, como sucedió recientemente con el colombiano Charlie Zaa, quien grabó un CD con canciones que popularizó el cubano Orlando Contreras. Zaa quería repetir el éxito que tuvo con su álbum Sentimientos hace unas décadas, cuando grabó en forma de potpurrí boleros de Julio Jaramillo.
Siempre que haya una guitarra a mano, sin duda que más de alguien va a tomarla para cantar boleros tradicionales como Bésame mucho, Sin ti, Contigo en la distancia, Miénteme, Usted y tantos otros que se mantienen vivos en nuestra memoria, a pesar de haber surgido hace más de tres cuarto de siglo en las voces inolvidables de los boleristas más famosos.
En nuestro país, el bolero sigue vivo, ya sea en su forma original o a través de versiones modernizadas o en merengues y bachatas que llevan el sentimiento que les imprimieron sus autores.

