Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

Posiblemente, muchos de ustedes ni se inmuten si les digo que en Uruguay  murió un viejito, un abuelo, un viejecito. No se inmutarán, y de seguro volverán al Pacto y sus efectos, a lo que no se ha dicho y queda por decir, a las querellas o el llanto de los derrotados de ese entendimiento.

Es más, estoy seguro que hoy se hablará más de la muerte de Florián que de este viejo ángel guarda corazones, acurruca sentimientos, incitador de pasiones, alentador de fornicios, o sea, la vida.

Sin embargo, si les digo que ha muerto Mario Benedetti y le cito algún poema suyo: “Tú lo dijiste, nuestro amor, fue desde siempre un niño muerto”, entonces, algo podría ir cambiando, quizás recuerde usted a aquella muchacha, quizás no olvides tú aquella tarde, ay, o vuelvas a unos Doce Años de tantos presos, y releas “Hombre preso que mira a su hijo”.

Que haya muerto Mario Benedetti “es un absurdo previsible”, claro, un dolor mal

La muerte de un hombre, tan mayor por demás, es lo más normal del mundo y sus galaxias, lo que es extraño es esta sensación de padre muerto, de abuelo ido, este deber de retornar a la casa de inmediato, para releer al maestro de lo sencillo.

Amores secretos hubo entre el poeta y muchos Intelectuales de postín, que lo consideran un “poeta menor”, por coloquial, aunque era en verdad su amor prohibido, como la morena meretriz de amplias caderas, que todos amamos en silencio alguna vez, algunos años, en alguna parte, en una esquina y su bar. 

En 1993, me recibió en su apartamento madrileño, creo que era junio, para una entrevista que luego publiqué

en El Siglo, de don Bienvenido Álvarez Vega, del que era corresponsal. Sin prisa, me mostró su biblioteca con estantes de pino tratado, y luego fuimos a una cafetería casi al frente de Callao, en La Gran Vía, que poco tiempo después cerrarían sus dueños para instalar una sucursal del Banco Hispanoamericano, tal como, casualmente, luego escribiera Sabina en una canción.  (Adivinaciones de poetas.)

Era poeta desde la primera mirada al cordón de su zapato izquierdo, sensible como un niño en su poesía, pero duro y directo, mordaz e irónico, todo a la vez, cuando de defender sus ideas, su América, sus pobres, se trataba.

 

El Nacional

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