Tuya es la palabra, los labios, el pelo, la casa de libros/ el móvil, la orquídea, los dulces, mis besos/ Tuyos los temores, tus ojos, mis versos, casita de campo, azul y pequeña/ Neruda y Matilde, tu apego, tu perro/ Tú lo tienes todo. Yo no tengo nada. ¿Nuestros? Los recuerdos. J. Umbrales.
Después de las victorias electorales de Balaguer, una de las grandes mentiras que quedan por resolver en este mundo, es este asunto de llamar sexo débil a las mujeres.
Sin embargo, a pesar de los avances y luchas de la mujer en las últimas décadas por obtener el lugar que merece en la sociedad y en las relaciones de pareja, queda mucho por hacer al respecto. Tanto es así, que del machismo-leninismo ancestral no se ha salvado ni la civilizada Francia.
París bien vale una misa, como ya se sabe, pero también debería valer un respeto a la mujer y sus sentires y sobre todo un respeto a sus opiniones y pareceres, a su pensar, óigame usted, que Juana de Arco y la Marie Curie algo debieron enseñar al macho galo.
La pasada semana, la polémica estuvo servida en La France, cuando la mujer del presidente Hollande, Valérie Trierweiler, envió un twitter de apoyo a Olivier Falorni, quien competía con Segolene Royal, ex mujer de Hollande, por la diputación de la circunscripción de La Rochelle. Hollande, que es marido de Trierwiler, había apoyado públicamente a Segolene, ex mujer y madre de sus hijos.
Entonces, surge la pregunta que ha generado el debate, ¿tiene derecho una primera dama también política, con ideas propias a expresar como cualquier ciudadana sus preferencias partidarias, o debe estas estar circunscrita a las opiniones de su marido?
Pero no crean, la otra lectura/pregunta no es menos triste: ¿Está todo dirigente político medianamente importante, condenado a casarse con una mujer mueble no pensante, ágrafa y monosilábica, lectora apenas de 69 de Los cien años de soledad, o dos de Los Tres Mosqueteros?
¿Es inevitable que deba pasar un presidente/ministro/líder de opinión por lo que pasó mi amigo Francis Nazario Núñez, quien al conocer deslumbrado a una Angelina Jolie nacional, le escribió deslumbrado en la segunda mesa de la izquierda en Casa de Teatro: Tu piel es mi mar, tu humedad es mi puerto/ yo sólo soy un velero que encalló en tus besos, y ella feliz e ignara llamó a Nelva Marivell Martínez y le pregunto, ay, Dió, ¿y él tiene bote?
No. No es humano condenar a un hombre al desconsuelo de una mujer afiche. Hablo de una mujer que no tiene más que ofrecernos que su juventud y su belleza, o un sexo que sin amor muere con la victoria. Hablo del martirio que debe ser convivir con una mujer que no sepa volar, sin ideas propias, sin convicciones suyas, sin su propio camino. Amar es admirar, mas otros dones: tu piel de miel de abeja, por decir.
Uno deja escrita aquí, la oda a la mujer inteligente que un hombre ama por su sexo, -por supuesto-, pero también por su pensamiento, sus valores, sus desvelos por la condición humana. Lo primero se resuelve en un momento, y queda el resto del día para construir la vida, los sueños.
No es un maniquí en la fingida alegría de su ignorancia lo que necesita un hombre presidente, periodista o traductor-, sino un alma a quien seguir amando, incluso después del guerrear de los cuerpos y sus divinidades horizontales. Amén.

