Y no hablo de las camas literales de los moteles, ay, donde el amor hace a las parejas en esos templos de horizontal meditación. No.
Hablo de camas como ración de boa mensual por los servicios prestados, gabinete, ministerio, dirección, sub, vice, botella, nominilla, tente en pié, con qué desde Lilís hasta ayer en la tarde, premian los políticos desde Estado a parte de sus seguidores sus servicios prestados.
El presidente electo, Danilo Medina, se enfrenta a un gran desafío del que solo lo puede salvar una entrega total, (como en las horas felices, cuando el mar se ponía más azul y sol parecía tenerle miedo a tu pasión, ay), hablo de una entrega total a la institucionalidad, a esa utopía tan simple y requerida que es cumplir y hacer cumplir las leyes.
Para hacer lo que nunca se hizo, -que es lo que siempre se ha soñado-, Danilo Medina deberá dejarse atar y bien atado por las nuevas leyes que el gobierno de su partido, y en especial su presidente Leonel ha promovido y promulgado.
Cuentan que gracias a la Ley de Capitalización, ahora en Molinos Dominicanos se produce el triple con la mitad de los gastos/empleados. La ley de libre acceso a la información (reconocimiento a José Tomás Pérez) es un buen argumento para que un funcionario no pueda relajar con la nómina, las licitaciones y las compras de su institución; hablo de que no pueda el míster poner a un amigo/hermano a crear una publicitaria que manejará la cuenta de la institución, a un sobrino en business a vender las computadoras que requiere la oficina, o a la queridita teñida y recién hecha, de tetas 34-B, a decorarle el despacho cada seis meses.
Medina Sánchez deberá entregarse romántico en brazos de la Ley No. 34006 sobre Compras y Contrataciones de Bienes, Servicios, Obras y Concesiones, que le salvará del inversionista de campaña que querrá sacar su inversión, y no haciendo negocios con el Estado, sino estafándolo.
La ley que obliga a la declaración jurada de bienes (aplicada con rectitud) deberá servir para que ningún nuevo funcionario declare como propio lo que piensa adquirir en 48 meses. (Ejemplos sobran desde siempre).
Y existen otras leyes, instrumentos, resoluciones, que le pueden ayudar a atarse y bien atado. A todas ellas, deberá entregarse el presidente cual enamorado «preso de unos labios que van y vienen y no son mar sino vida», si es que quiere llevar a los hechos lo que gobiernos anteriores han convertido en leyes e instituciones.
La institucionalidad es la gran arma que tiene Medina para intentar -con el apoyo de un pueblo que lo va a exigir civilizada pero militantemente- hacer lo que nunca se hizo y hace siglos sabemos que tenemos que hacer; o más temprano que tarde perderemos la paz, esta gris y papelera democracia que a retazos y entre todos hemos construido, y entonces, no bastará Jeremías ni un aldeano holandés para justificar tanto llanto. (… dejaremos colgada la caprichosa luna sobre los cines ?y las estatuas públicas derribadas ?en los jardines J.S.)

