Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

“Pelar caña era hazaña del que nació pal rigor. Allí había un solo dulzor y estaba adentro e’ la caña.”

A. Yupanqui. Coplas del payador perseguido.

            No existen estadísticas sobre el drama, pero el drama existe y muchos lo padecen.

            Son, posiblemente, (-y partiendo de las décadas que tienen viniendo a nuestro país primero al rigor de cortar la caña, y en los últimos 20 años a sostener con sus brazos el sector construcción y el agrícola-) no menos de 100 o 200 mil almas… y cuidado.

            Declarados en una oficialía civil de las de antes, por un amigo dominicano de su padre o por el patrón, su acta de declaración contiene errores, incongruencias, en fin,  como bien afirma el Registro Civil, no es válida para ser renovada si le es aplicada con rigor la ley que norma el asunto. (Como se sabe, en el país a los pobres siempre se les aplica la ley rigorosamente.)

            Es aquí donde aparece el bolero de doña Silvia a contrariarlo todo: “… dime qué harás cuando alguien? sin querer me nombre/ y esa lluvia de recuerdos caiga? en tu alma otra vez….  ¿Y entonces?”

            Sí. ¿Y entonces? ¿Qué hacer con estos ciudadanos dominicanos de vida, familia y trabajo, sin documentos legales que validen la evidencia de su existencia?       ¿De qué nacionalidad es un señor de 28 años, hijo de un indocumentado que lo declaró irregularmente al nacer en el único territorio que ha vivido, es decir en la RD?

            Como ven, el asunto no es legal sino político y humano. No es del Registro Civil sino de la Presidencia, no es de Roberto Rosario, sino de Leonel Fernández.     Después de cinco años de estar engavetado, al fin fue promulgado el Reglamento de la Ley de Migración. No hay que ser un genio del análisis político para saber que no es de aquí a agosto cuando se aplicará la pieza, pues ya comienza el debate sobre su aplicabilidad y otras versiones del cinismo y la falta de autoridad, pues después que una ley es promulgada, solo queda aplicarla con un par…. Pero no; en el país, la permisividad y la falta de autoridad nos mea, y todos insistimos en pensar que llueve.

Y así, mientras los señores asisten a su misa de domingo, los hijos y nietos de aquellos indocumentados haitianos, (mucho mas dominicanos que la “sarta” de asaltantes Ferragamo y sus cómplices del sector privado, que aparecen como polillas impunes en cada gobierno desde que mataron al jefe hasta ayer como a las cuatro) esos seres humanos, ya digo, que no conocen otra patria que esta, donde han vivido y formado familia, seguirán en su muerte civil, asesinados de cédula, fusilados de pasaporte; ellos, que dan vida con sus brazos a un pobre país tomado por el solidario narcotráfico en los barrios, por la prostitución en cualquier parte y por ese generoso lavado de activos que sostiene la economía dominicana, junto con algo de minería, telecomunicaciones y otros sonetos del laboreo.

            El empleador Estado,  el empleador privado, quieren pescar tilapias pero no quieren mojarse algo mas que la espalda. Quieren una mano de obra semi esclava y tolerante por indocumentada, y no pagar impuestos, seguro, prestaciones. O sea, que son anti-haitianos de corazón, y haitianófilos de bolsillo.

            Quieren la migración haitiana, pero no la legal, integrada al país, como es integrado el dominicano documentado de España o EE. UU., sino la migración ilegal, indocumentada, arrinconada en sus guetos, trabajando sin derechos ni prestaciones.

El Nacional

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