Desde que inició este año 2022 todos hemos sentido el doloroso impacto del aumento en los precios de los combustibles. El poder adquisitivo de nuestros salarios o ingresos se reduce drásticamente en la medida en que la inflación aumenta. Este es un fenómeno global, pero no por eso menos preocupante.
Tras registrarse un fuerte crecimiento economico a nivel mundial en 2021, las perspectivas para este 2022 no son tan favorables como quisiéramos. Se espera un crecimiento global de 4.1%, y para 2023 el 3.2%. Esto en contraste con el crecimiento de 5.5% en 2021.
Entramos pues en una etapa de desaceleración económica como resultado de nuevas variantes de Covid (aunque ya muy controladas), un nivel de inflación insostenible y alto nivel de endeudamiento, lo que podría poner en peligro la recuperación de muchos países Emergentes, según el Banco Mundial. A esto le sumamos la eliminación de programas de subsidios y los posibles aumentos en las tasas de interés para controlar la inflación.
Con la llegada del Covid19 casi 2 años atrás los precios de las materias primas cayeron abruptamente, pero recientemente han aumentado de manera exorbitante. El precio del petróleo, primordial para producir y transportar todo tipo de insumos desde alimentos, artículos de consumo y bienes duraderos como autos, se ha disparado desde $40 a casi $90 dólares el barril.
Por el lado de la demanda del petróleo ya estamos viendo una reactivación de todas las actividades económicas en el mundo así como de la movilidad o transportes en general, lo que resulta en un alza importante en los precios.
En Estados Unidos por ejemplo, el nivel de deudas familiares aumentó en $3 Trillones el año pasado mayormente por compras de viviendas y autos, muebles, enseres, etc. El otro lado de la moneda es la oferta, y muchos productores dentro y fuera de la OPEP recortaron el nivel de producción deliberadamente, para “recuperar” los ingresos que perdieron por la pandemia.
Por: Gloria Marranzini
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