Las noticias que llegan desde la frontera son confirmadas por amplias humaredas visibles noche y día en las montañas haitianas y dominicanas sobre una aceleración de la tumba y quema de árboles
Como no suele ignorar el más distraído de los especialistas, acompaña a los desiertos el ominoso hábito de caminar como seres vivos que tuvieran voluntad propia o libre albedrío.
Ese andar de estos espacios ardientes, haya o no gente en sus extensiones, sean de arena o de tierra pelada y roca desnuda, tiene consecuencias extremas para millones de personas en el mundo.
Estas se expresan en la escasez de agua, en el brote de enfermedades, en el estancamiento del desarrollo y en las crisis ecológicas que no tocaron la puerta sino ya entraron vertiginosamente en la realidad de cada hora y de cada día de hambre y de muerte.
Caminan los desiertos hacia espacios prefijados por un ordenamiento territorial natural, específicamente hacia aquellos lugares donde se ha deforestado hasta quedar apenas nada.
Esas consecuencias catastróficas que ahora bordean las faldas de la muerte en amplias extensiones de África y otras áreas críticas del mundo están bastante cerca ahora y desde hace décadas, en aumento progresivo, con efecto negativo a corto y largo plazos para la República Dominicana.
Las noticias que llegan desde la frontera, confirmadas por amplias humaredas visibles noche y día los doce meses del año en las montañas haitianas y ahora dominicanas son las de una aceleración del proceso de tumba y quema para conucos de subsistencia y carbón de leña que, unido al tráfico humano, dejan notables dividendos al multimillonario sistema de contrabando binacional.
Este compartimiento se hace al unísono: militares, políticos, autoridades civiles, legisladores personas particulares se benefician de la tan denunciada como reiterada práctica que margina la ley para beneficiar las políticas grupales y que aprovechan la lejanía territorial y la escasa vigilancia y desinstitucionalización y la debilidad común de ambos estados.
Como además hay un gravísimo problema de abastecimiento alimentario, los haitianos penetran también a territorio dominicano para cazar, pescar y, en combinación con cuatreros dominicanos, hurtar y sacrificar ganado, de lo que dan cuenta reportes que se adicionan a la voluntad de algunos ganaderos de penetrar a Haití, con posibles consecuencias trágicas, a recuperar sus toros y vacas.
Y mientras, el contrabando de casi todo tipo de mercancías y la penetración permanente de ciudadanos haitianos sin documentación, habiendo mermado algo el de armas y drogas, puesto que ya no se la mencionan con insistencia, se mantienen en curso.
Cifras de diferentes organismos internacionales detallan que desde 1981 el 93 por ciento del escaso sotobosque haitiano, la llamada biomasa pasó a ser destruida a un 98 por ciento en la actualidad.
Más del 70 por ciento de las poblaciones haitiana y dominicana utiliza en la cocción de alimentos el carbón vegetal.
Esta explotación del recurso boscoso corre al ritmo exponencial de la creciente población de ambas naciones.
El crecimiento de la producción de carbón vegetal se calcula en 340 mil 170 sacos de 70 libras cada uno mensuales.
Los haitianos, que ya sobrepasan los diez millones de almas, dependen en un 80 por ciento del carbón de leña.
Pero hay una tendencia creciente a la utilización del petróleo y del gas licuado de petróleo y otros combustibles fósiles que apenas pueden pagar a Venezuela, con sus consecuencias políticas unidas a ello.
Como la trayectoria desértica le ha ido ganando en ritmo y velocidad a las muy espaciadas e inseguras jornadas reforestadoras el espectro de lo que sucede en Haití ya arropa en sus imágenes dantescas la inmediata realidad dominicana.
Con el cambio climático de por medio hay temperaturas record en el noroeste dominicano y eventos que eran prácticamente desconocidos como la ocurrencia de hasta siete tornados intensos sólo en Dajabón en un sólo año y unos diez u once en el espacio de tres años.
Crisis económica profundizada, pesca furtiva de alevines, es decir de peces sin desarrollo aún, caza indiscriminada, contrabando, desertificación vía la candela montañosa, entrada de personas algunas con hechos delictivos en Haití que cruzan hacia territorio nacional en razón de creciente$ facilidade$, robo de ganado, tensiones por violencia entre dominicanos y haitianos sobre todo en áreas marginadas, donde crece el rechazo de los segundos por los primeros, prostitución larvada y casi nunca mencionada de haitianas que ocupan espacios en áreas como la plaza Valerio, entre otros lugares, caracterizan el conjunto de problemas no evidenciados ni de fácil manejo en las difíciles relaciones Haití- República Dominicana.
Bosques destruidos
Los escasos bosques de Haití han sido desmantelados y las tormentas que llevan a la muerte por deslaves e inundaciones a decenas de haitianos en cada temporada de lluvias, develan la gravedad del problema.

