Elvis Valoy
<elvis.valoy@gmail.com
Como un haz de luz que se propaga a rápida velocidad, se extendió a través del mundo la COVID-19, implantándose una asombrosa epidemia en cuestión de semanas, que ha puesto en jaque a todo el planeta.
Muchas tesis se barajan sobre cómo será la cotidianeidad el día después de haber superado este maléfico trance que ha sumido la humanidad en una de sus peores crisis. Siempre menciono el ejemplo de la Peste Negra que abatió al globo terráqueo durante el siglo XIII, surgiendo durante ese período un nuevo contrato social que luego devino en el capitalismo.
Diferentes paradigmas germinarán inmediatamente pase esta tempestad que como gangrena que invade a un cuerpo sano, ha golpeado hasta hacer remecer, arrodillando a toda la especie humana, que cifra sus esperanzas en la aparición de una vacuna.
Hasta las relaciones primarias de las personas se verán compelidas a un forzoso cambio, y en ese ínterin, los países se verán obligados a elaborar nuevos protocolos de comportamiento que garanticen la convivencia sana de sus comunidades.
Pese a todo esto, la gente ha coexistido con grandes pandemias que en su avance infernal amenazaron con borrar los cinco continentes, sin que aún hayan aparecido las esperadas inmunizaciones; es el caso del SIDA, que se suponía que para la fecha la ciencia ya tendría un antídoto contra ese mal. Igual el dengue.
Pero la vida continúa.

