Era el último día de la filmación de un comercial de Pepsi, en el Shrine Auditorium de Los Angeles, en 1984, y el único problema hasta ese momento había sido una discusión entre Michael Jackson y un ejecutivo de la embotelladora, acerca de si la superestrella, entonces muy joven, debía quitarse las gafas oscuras. Luego, como escribió el ejecutivo después, le incendiamos el cabello. Jackson descendía por una escalera, en una secuencia extravagante y llena de pirotecnia, que debía marcar el comienzo del anuncio, mientras bailaba al ritmo de «Billie Jean», cuando una chispa le cayó en la cabeza.
El astro gritó, la gente cerca de él le saltó encima para apagar el fuego, pero Jackson permaneció hospitalizado durante días, con quemaduras en el cuero cabelludo.
Así comenzó una serie de hechos dolorosos que se prolongó durante una carrera notable, y que volvió de los analgésicos un medicamento muy socorrido por Jackson.
Debido a los accidentes, las frecuentes cirugías plásticas y la intensidad demandante de sus bailes, el sufrimiento físico fue un problema inherente a la vida de Jackson.
Los investigadores forenses en Los Angeles están tal vez a semanas de determinar la causa oficial del fallecimiento de Jackson, pero las autoridades dijeron el viernes que los análisis mostraron que tomaba medicamentos prescritos por un médico.
Al final de su vida, un cardiólogo personal vivió con Jackson, quien en tanto ensayaba rigurosamente para su histórico regreso a los escenarios.
Entre los primeros pasos de la policía estuvo el de remolcar con una grúa el BMW del médico, tras señalar que podía tener medicamentos u otras evidencias en su interior.

