El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, dijo a la cadena Telesur que su gobierno ha logrado frenar un intento de golpe de Estado promovido por las Fuerzas Armadas con respaldo de otros poderes del Estado.
Otras agencias de prensa, sin embargo, divulgan lo dicho por el insurrecto general Romero Vásquez, de que la situación sigue siendo difícil, por lo que mantendrá la presencia del Ejército en las calles.
De nuevo una especie de colonialismo mediático impide que Latinoamérica y el mundo conozcan fondo y naturaleza de otro intento de insurrección contra la voluntad popular, como sin dudas es el drama que padece hoy Honduras.
La prensa hondureña, controlada por sectores económicos negados al cambio político, presenta al general Vásquez como un gran demócrata y no como el titular de las Fuerzas Armadas que se insubordinó contra su comandante en jefe, el Presidente de la República.
Las agencias internacionales destacan declaraciones del general Vásquez, de que en Honduras no se ha producido una matanza por la prudencia de las Fuerzas Armadas, cuando se sabe que el cruento golpe no se ha producido por el firme respaldo al orden institucional emanado de la Organización de Estados Americanos y de los gobiernos más influyentes de la región.
La historia de la manipulación de los hechos se repite hoy con la crisis hondureña, pero esa burda política desinformativa que está condenada al fracaso, ha ocurrido en otras naciones del continente donde humaredas de mentiras y tergiversación lograron ser despejadas por vientos frescos de la verdad.
Una telaraña mediática pretende mercadear la imagen de un presidente Zelaya ambicioso que urde la destrucción del débil edificio de la democracia de Honduras.
A pesar de esa urdimbre, la razón resplandecerá como sol de mediodía y la democracia hondureña sobrevivirá a las dentelladas de canívales del retroceso.
La prensa dominicana debería mirarse en ese espejo.

