A veces se hace difícil asimilar la rapidez con que los años pasan y pasan, pero para todos, sin excepción, el mejor parámetro es ver los hijos nuestros y los ajenos, cambiando y asimilando sus etapas.
Mariela, en estos casos tomaba como parámetro la Navidad y comparaba año por año, lo que pedía su hijo de regalo, o sus demandas más urgentes para la temporada.
Fue así como vio a su pequeño Carlitos, un año llorar porque no quería la maraca que le regaló, y es que no tenía edad para hablar y decir lo que quería y era su primera vez con aquel objeto pequeño que al moverlo emitía sonido de campanas.
Con él agarrado de la mano y a veces cargado, la mañana de un año después fue a la sala para destaparle un carro de juguete que lo llenó de risas. Era un carrito plástico, rojo, con ruedas fáciles de quitar y sencillo manejo para su edad. Ese mismo carro, hoy posa en la mente de Mariela en más de 5 diseños diferentes: a los dos años con pila y control remoto, a los tres, grande porque ya su pequeño pretendía montarse en él, a los cuatro, en una caja de colección que contenía unos 10 carritos. Y a medida en que pasaban los años, el carro se fue convirtiendo en otras opciones que oscilaban entre computadoras, PSP y hasta celular. Por eso, con Carlitos sentado en sus piernas, Mariela recorria mentalmente la vida junto a su único hijo y comenzaba a asimilar esas hermosas etapas que lo habían llevado hoy, a confesarle el más escondido de sus secretos.
Ya tenía 12 años y estaba enamorado de una niña, pero, resulta que junto a él, otros 6 niños de la misma escuela, la amaban también. Carlos ofendido, bajaba la cabeza para confesar a su madre, como se peleaban sus amigos por la bella Amalia, y como otros, solo la veian de lejos y celaban sus pasos. Dijo que uno de sus compañeros, talvez el más atrevido, les contó que una noche la habia soñado desnuda junto a él. Disimulando su sorpresa, la madre preguntó que más habia dicho el niño soñador delante de su hijo, pero éste dijo que el sueño solo fue eso. Al final Carlitos, en una clara muestra de madurez, contestó a su madre la pregunta de ¿qué es lo que te gusta de ella? -Es inteligente, simpática y le gusta ver películas dijo claro en su concepto. Al final agregó que lo importante no es que sea bonita, sino que le guste lo mismo que a mi. Sin duda el cuento habia cambiado mucho desde aquellos regalos de carritos y maracas. Es ley de vida.

