¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Miguelina Terrero

miguelinaterrero@hotmail.com

Despertando al mundo

Hace mucho que no miraba tan fijamente a alguien y más aún, que no escuchaba tan atenta y ansiosa, una historia vivida, como la que me contó anoche la pequeña Massiel.

En realidad, lo que más me sorprendió de su historia, es precisamente confirmar que ya no es la pequeña a quien yo peinaba y ayudaba a hacer las tareas. Aquella niña delgada que tantas veces cuidé y mimé, dejó de ser niña y con su testimonio de vida me demostró que es una mujer, valiente, admirable y con los pies bien posados sobre la tierra.

“Yo no entiendo que yo pensaba tía”, me decía, mientras analizaba el tiempo en el que se dejó llevar por amigos y solo quería vivir rápido, tomar alcohol y gozar, sin pensar en más nada.

Me contó, y mientras lo hacía, yo miraba su cara joven aún, para compararla con sus expresiones de muy adulta.

Su testimonio fue para mi una experiencia de vida, de aquellas cosas que uno cuenta sin vivirla porque le parecen lógicas, pero que de repente alguien te confirma que así mismo son.

Me confesó que cayó en el vicio del alcohol y muchas cosas más, porque quería sobresalir entre sus amigos. Se sentía acomplejada, con baja autoestima y creyó que igualándose a sus amigos viciosos, se integraría mejor a ellos y sería más valorada. Pasaba las noches en constantes bonches en los que al paso del tiempo, era ella la que más bebía. Perdía el sentido de la vida y sus prioridades, descuidó su pareja y su pequeño hijo. Perdió aún más peso del que tenía, y como dicen: tocó fondo. Fue entonces cuando la internaron y al ver que la vida se le escapaba, decidió tomar consciencia. Sus palabras tan maduras me hicieron admirarla más que a aquellos que nunca han tenido vicios. Y es que ella supo salir, y además sabe por qué lo tenía que hacer.

“Por ahora no voy a lugares donde se beba alcohol, ya no bebo, lo que hago es comer mucho y lo disfruto, llego a casa temprano para compensar el tiempo que no estuve con mi hijo, hago las tareas con él”.

Massiel dice que su esposo para cuidarla tampoco toma mucho, que se dedica a su carrera de doctora y en poco tiempo abrirá su propio consultorio, y trata de dar el mejor ejemplo a su hijo. Sabe que salvó su vida y que no de hacerlo a tiempo pudo morir, por lo que valora la vida y mientras habla, sus ojos brillan, como quien vuelve a nacer cada día. Diós te bendiga pequeña Massiel.

 

El Nacional

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