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El derecho internacional público nos asiste como el mecanismo-guía expedito proporcionando los medios al amparo de tratados suscritos cuya esencia reparte justicia y mandatos para ambas naciones. Acogerse al ABC de la diplomacia preventiva, que va desde el diálogo binacional, el arbitraje regional o en última instancia el internacional. Vale recordar que ya la región cuenta con instrumentos regionales para la disolución de conflicto, como CELAC y UNASUR, organismos que hicieron posible la paz en Suramérica, evitando una guerra entre las naciones hermanas de Colombia, Venezuela y Ecuador, y, en cuyas buenas acciones estuvo presente la diplomacia dominicana al más alto nivel. Aunque, cabe decir que UNASUR ha sido suspendido como consecuencia del sesgo ideológico aún imperante en la región. Situación que el presidente Lula a su retorno al poder ha prometido trabajar para su restablecimiento.
De modo, que por esta vía diplomática y no por la confrontación debe estar la apropiada solución al conflicto dado a partir de la construcción irregular de un canal de trasvase en el legendario río Masacre, que aún se sigue pasando a pie. Y, que conforme al artículo 10 del Tratado de Paz, Amistad y Arbitraje del 20 de febrero de 1929, manda a un uso racional, no perjudicial para las partes del preciado líquido, mismo que de manera justa y equitativa debe servir para fines de cultivo agrícolas e industriales.
Pero, si bien da derecho al mismo tiempo prohíbe la ejecución de alguna obra que atente contra el curso natural del río. Lo que sin duda se opone a que arbitrariamente algunas de las partes dañen su caudal natural. Además de que nadie en absoluto tiene potestades para impedir la desembocadura natural de un río al mar, por ello el afluente tiene que continuar su curso natural.
Tened en cuenta que no somos los primeros en tener algún diferendo por el uso común de un río; en nuestro caso parcialmente común, y, donde lo ha habido la solución ha sido por la vía pacífica, la diplomacia preventiva ha primado. Así tenemos el caso de los legendarios ríos Tigris y Éufrates, gestionado por Turquía e Irak; el histórico Nilo Azul bajo la administración de Etiopía y Egipto; y, así un sin número de conflictos que llegan hasta nuestra América.
Conflicto entre México y Estados Unidos en la región de Chihuahua por el control de una presa que permita el uso de agua al país azteca que ha sido sensiblemente afectada por el cambio climático y un clima cada vez más extremo como reporta el NY Times.
Disidencia entre Uruguay y Argentina por incumplimiento normas medioambientales en el Rio Uruguay ante la instalación de la planta papelera Botnia en la zona fronteriza. Generando una litis que ambas naciones enfrentan en la Corte de Justicia de La Haya.
Pero, hasta ahora la diplomacia ha jugado un importante rol en procura de la solución pacífica de dichos conflictos. La nuestra no podrá ser diferente, como proclamará el gran Gandhi “no hay camino para la paz, la paz es el camino”.
Por: Jose Manuel Castillo
embajadorcastillo@gmail.com

