El arte de la medicina se ejerce con las manos, tocando al paciente, evitando el dolor o produciendo signos de alarma como el llanto.
Se elabora un protocolo de buen trato al paciente en la puesta en contacto entre el personal sanitario y nuestro atendido.
El dolor es el primer signo de alarma que tipifica una molestia, un dis confort que es captado por el organismo como un elemento extraño a la armonía de la totalidad de nuestra fisiología y a nuestra anatomía.
Llorar, gritar, el gemido y diferentes emisiones de ruidos, quejidos acompañados de frases y contracturas musculares hacen que a retortijones se produzca una sincronía de sufrimiento mente-cuerpo de intensidad y duración variable.
Desde temprana edad las necesidades fisiológicas que aun no se controlan: orinar; defecar y cualquier condición que haga compresión sobre el cuerpo se manifiesta con una condición donde el llanto puede ser la primera señal de alarma.
La epidermis, al recibir con suavidad el roce de otra parte de nuestra anatomía o lo que es igual, otra equivalencia que va desde la velocidad que se dispara al travez del enervamiento de los nervios llamados horripiladores.
El cuerpo humano en total estado de desnudez establece zonas que son rectas y curvas que delimitan huesos , tendones y ligamentos .
Un bailarín de danza clásica puede hacer movimientos de torsión que en vez de producir dolor emanan en sensaciones placenteras.
La conjunción bi corpórea en un ayuntamiento coital de ambos sexos con deseos compartidos, provoca una doble sensación que se observa en casi todo el reino animal y puede ir desde la agresividad hasta la pasividad relajante.
Los párrafos precedentes son un ejercicio que busca justificar el dolor y el llanto como señales neuro fisiológicas espontáneas o provocadas.
Se intenta armonizar las formas, el movimiento y la reacciones corporales a partir de la corporalidad como un todo.
Desde la mismisidad, lo único realmente propio es nuestro cuerpo…