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El poder de la disciplina

El poder de la disciplina

Orlando Jorge Villegas

Hace un tiempo, Thais Herrera compartió en sus redes sociales un video en el que se mostraba bebiendo un café en París y narraba una historia sobre los motivos que la llevaron allí.

Al igual que ese café, su llegada a la cima del Monte Everest también tiene una historia. Una historia llena de esfuerzos. Hoy, cuando más que nunca nuestros jóvenes confunden los éxitos con “golpes de suerte” en lugar de apreciar el sacrificio que conlleva cumplir un objetivo, Thais es un ejemplo de que para alcanzar una meta hay que superar obstáculos, pero vale la pena perseverar.

La histórica hazaña de Thais de ser la primera mujer dominicana en escalar la montaña más alta del mundo no solo trajo orgullo a nuestro país, sino que demuestra que los sueños, por más lejanos y altos que parezcan, son alcanzables si trabajamos para ello. Este logro es el resultado de años de preparación física, mental y emocional, llevados a cabo con una dedicación admirable. Su éxito es un claro testimonio del poder de la disciplina.

El Monte Everest fue el cierre con broche de oro del reto que se planteó Thais de llevar nuestra bandera a las siete cumbres más altas de cada continente. Los otros seis montes fueron: Kilimanjaro en África, Aconcagua en Argentina, Denali en Alaska, Elbrus en Rusia, Chimborazo en Ecuador y Macizo Vinson en la Antártida. Para los que seguimos su trayectoria, es verdaderamente alentador tanto por su habilidad atlética como por su calidad humana.

La historia de Thais en el montañismo comienza con una visita al Pico Duarte. En múltiples entrevistas, ha comentado cómo reconectar con la naturaleza le brinda paz. El encanto de nuestros recursos naturales tiene un valor más allá de su atractivo turístico; son espacios especiales que nos ofrecen tranquilidad y un profundo sentido de conexión con el entorno.

El patriotismo de Thais se refleja en la pequeña bandera tricolor que lleva en cada expedición, un recordatorio del cariño que siente por su tierra natal. Este gesto nos inspira a todos los dominicanos a valorar y cuidar nuestro país, sin importar en qué rincón del mundo nos encontremos.

Thais y su historia me recuerdan mucho a mi padre y una lección muy valiosa que él, como maratonista, me dejó: la vida no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.

Es crucial que promovamos y celebremos figuras positivas como ella para inspirar a nuestra juventud a

soñar en grande y a trabajar arduamente por sus objetivos. Su legado no solo reside en las cumbres que ha conquistado, sino también en el mensaje de esperanza y esfuerzo que transmite a cada dominicano.

Por: Orlando Jorge Villegas

ojorge@jvmediagroup.com

El Nacional

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