Cuando Michel Obama lanzó su libro Becoming, comenzó con su equipo a recorrer Estados Unidos a un mano a mano con el público que había llorado ocho años antes la llegada a la Casa Blanca de una familia de color.
El acontecimiento del libro ha sido recreado en Netflix, donde pudimos ver a una de las fans de Michel Obama definir su preferencia sexual proclamando que ella no era una persona binaria.
No ser binario se dice del dramaturgo español Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura. Cuentan que una vez fue un amigo a darle cuenta que había una persona hablando mal de él, y Jacinto Benavente le contestó “Qué raro, porque yo no le he hecho ningún favor a esa persona”.
Pero en esta época de las consecuencias del coronavirus nos hemos recordado de Jacinto Benavente para hacer referencia al teatro español, que se convirtió en una élite tan inalcanzable que un día en una presentación se encontró sin público y debió revisarse y dar marcha atrás en rescate de los aplausos del público.
Hay un estudio que dice que cuando los atletas están en el terreno del juego en conquista del trofeo de un campeonato, se olvidan de que, dentro del público, de los cuales solamente escuchan los aplausos, se encuentran la mujer y los hijos, quienes vuelven a la mente del atleta cuando se termina el partido, se gane o se pierda.
Entre los que necesitan el público y los aplausos, están los artistas. Cuando un hombre comenzó a cantarles a los demás hombres en la historia de la humanidad, no vislumbraba que un día tendría en sus manos un micrófono para amplificar su voz, y mucho menos que su voz un día sería grabada para que su público la escuchara sin estar presente.
Ese momento un día llegó. Surgió el micrófono y la grabación de la voz, pero algo mágica siguió primando en el arte. A pesar de que las canciones comenzaron a escucharse grabadas, no pereció en alma los fanáticos el deseo incontenible de asistir a los conciertos y a los juegos deportivos en vivo.
Eso es lo que explica, y no otra cosa, que bajo el coronavirus la industria del espectáculo, del entretenimiento, se encuentre en crisis, y no es porque sus actores hayan enfermado, sino porque falta el público, los aplausos.
POR: Rafael Grullón
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