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El poder de los calderos

El poder de los calderos

José Antonio Torres

Hace alrededor de 700 años, durante la Edad Media en las zonas rurales de Europa era común tocar objetos de metal en horas de la noche para impedir el sueño de las personas acusadas de cometer algún delito. Esto se hacía diariamente hasta que la persona acusada cumpliera con el tipo de resarcimiento impuesto por la comunidad.
Así nacieron las “caceroladas” que conocemos hoy.

Sin embargo, las caceroladas como forma de protesta política nacieron en Francia en el siglo XIX, justo después de la Revolución Francesa, cuando los republicanos hacían ruido con cacerolas para abuchear a los funcionarios del rey Luis Felipe, que duró en el poder de 1830 a 1848, período conocido como la monarquía de Julio.

El fenómeno se modernizó a finales de la década de 1950 y comienzos de la de 1960, cuando el Ejército Secreto, una agrupación paramilitar de extrema derecha de Argelia, usó ese método para reclamar en las calles que esa nación fuera musulmana.

Los cacerolazos que comenzaron como instrumentos de protestas de la burguesía, pasaron luego a los trabajadores
Pero este estilo de protesta llegó a América Latina por primera vez, la noche del 1 de diciembre de 1971, en Santiago, la capital de Chile, cuando la clase media y alta se unificaron en el propósito de enfrentar el gobierno socialista de Salvador Allende.

En los barrios más acomodados mujeres y niños salían a los balcones y jardines de sus casas para hacer sonar las cacerolas.
? La marcha se replicó en varias ciudades del país y se reiteró en numerosas ocasiones con el nombre de «marchas de las cacerolas».

El cacerolazo se caracteriza por ser una manifestación en rechazo de algo, generalmente se realizan de forma pacífica se usan en la mayoría de los casos para rechazar las políticas de un gobierno o determinadas decisiones gubernamentales, y raramente en pro de algo.

Se promueven como un reclamo de interés popular alejado de los intereses partidarios. Pero en República Dominicana está quedando bastante claro que este estilo de protesta social obligará a un cambio en la forma de hacer política.

El Nacional

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