Resulta más que evidente que el Partido Revolucionario Moderno y su principal potencial candidato presidencial, el presidente Luis Abinader, se manejan con una estrategia comunicacional que tiene como eje central posicionar en el electorado nacional que tienen a su favor las opciones de mayo y junio para retener el poder de cara a los comicios del 2024.
Esto porque parecería que sus estrategas están muy conscientes de que la percepción que está fuertemente posicionado en el mercado electoral, lo reflejan algunas investigaciones realizadas por algunas firmas encuestadoras, y es la base principal de la que parten muchos analistas del quehacer político nacional, de que el PRM solamente tiene la opción de mayo para ganar las elecciones del próximo año.
De ahí que, si la fórmula oficialista y sus estrategas, no logran diluir esa fuertemente posicionada percepción, con la desventaja del precario tiempo que tienen por delante, podría significar el tránsito por el peligroso “caminar sobre el filo de la navaja”, que para algunos tremendistas es un espacio “de vida o muerte” para quienes tiene en sus manos las riendas del poder.
Si dejamos por sentado lo expresado en los párrafos precedentes, nos encontramos con que el Partido Revolucionario Moderno, y su principal potencial candidato presidencial, el presidente Luis Abinader, buscan salir ampliamente victoriosos de los comicios municipales de febrero próximo, con lo que proyectaría una gran fortaleza en perspectiva a vislumbrarse con amplias posibilidades para retener el poder en la primera vuelta electoral de mayo.
Y para asegurarse de que la estrategia que le sirve de horizonte se encamina “a pasos de vencedores”, bifurcan su combate hacia dos frentes con el claro objetivo de debilitar lo más posible a una de las dos opciones de la oposición, al tiempo de articular acciones que logren atajar el sostenido crecimiento que se viene operando en la otra opción que aparece con más potencial de resistencia.
En el primer foco de su embestida está el PLD y su potencial candidato presidencial, el alcalde de Santiago, Abel Martínez, que con las embestidas anticorrupción han logrado reducirlos, aunque de soslayo no dejan de polvorear al gobierno del presidente Fernández.
Por: Rafael Méndez
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