Pedernales representa hoy el mejor ejemplo de las consecuencias económicas, políticas y sociales que ha acarreado el dilatado abandono de la zona fronteriza, afectada por una funesta combinación de continua migración dominicana e incontrolable inmigración haitiana.
Igual que en los más de 390 kilómetros lineales de frontera, el cordón limítrofe de esa provincia está abierto de par en par, resguardado solo por una simbólica puerta por donde también ingresan sin problemas extranjeros con o sin papeles.
La población de Pedernales ha convivido con la creciente migración haitiana sin ocurrencia de ningún incidente mayor; más bien lo que se ha producido es un compartir de miseria y marginalidad, por lo que el reciente incidente en el que comunitarios emplazaron a haitianos a abandonar el municipio, no puede ser estigmatizado como un caso de xenofobia crónica, aunque, obviamente, reprochable.
La causa primigenia de ese problema puede encontrarse en la negligencia de fiscales, policías y jueces en apresar, someter a los tribunales y condenar a haitianos o dominicanos implicados en asesinatos, atracos, asaltos y robos, lo que ha motivado que, erróneamente, la población intente suplir por propia iniciativa tales deficiencias de las autoridades.
El problema se agrava porque las autoridades haitianas de la vecina comunidad de Anse-à-Pitres se niegan a entregar a sus pares dominicanos a los delincuentes que apresan tras cometer crímenes del lado dominicano, como ha sido el caso de uno de tres hermanos implicados en el asesinato de una pareja de esposos.
Se mencionan los casos de un hacendado asesinado por un haitiano en el municipio de Oviedo, quien el día antes de perpetrar el crimen envió a su familia de retorno a Haití, donde también se refugió, así como el despojo de sus fusiles a dos militares, uno de los cuales fue severamente golpeado, sin que las autoridades haitianas colaboren para su apresamiento y sometimiento a la justicia.
En Pedernales escasean las fuentes de empleo, por lo que su población tiene que competir con haitianos para desempeñar oficios en fincas y comercios, matizados por salarios de miseria. Para colmo también tienen que lidiar con creciente delincuencia en la que participan también nativos.
Lo que se reclama es que el Gobierno cumpla con su obligación de promover en Pedernales y en toda la frontera empleo, educación, salud, vivienda, electricidad, vías de comunicación, además de un rígido control migratorio, para que las asediadas poblaciones no tengan que optar por el éxodo o por tomar la justicia por propias manos.

