Por Lidia Melania
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Momentos hay en la vida en que se pone a prueba la valoración que tenemos de la cosa, ya sea esta material o inmaterial. La prueba viene cuando una necesidad se hace presente en circunstancias poco apremiantes.
Un ejemplo ilustrativo es lo que puede ocurrir cuando al salir de su país ocurren eventos calamitosos que impiden movilidad. Entonces lo primero que surge es el añorar el valor del sagrado terruño, fluye el valor de la cosa, y se la ve como la tabla de salvación.
Hemos visto que la pandemia por Covid – 19 puso en grandes apuros a un importante número de dominicanas/os, quienes en condición de varados en distintos países, tuvieron que dar la voz de alarma, el grito de auxilio ante el desamparo de que estaban siendo objeto en puntos geográficos tan diversos como: Estados Unidos, Ecuador, Cuba, Chile, San Martin, Brasil, hasta en Marrueco, y otros países. Entonces imploraron, a veces con llanto, ante las autoridades dominicanas para que fueran en su auxilio y los regresaran a su tierra.
Traigo, oportunamente, este hecho conocido por toda la comunidad nacional porque desde hace un buen tiempo, está en boga toda una corriente ideológica que pretende un gobierno y una ciudadanía mundial que incluye la anulación de las fronteras, y una barrida de todo lo que sea patriotismo e identidad nacional. Esto parce inverosímil, pero desde ese ideal se ha estado cuestionando cualquier decisión de los gobiernos sobre sus fronteras y las soberanías.
Es posible que muchas personas en medio de la inconsciencia, e imbuidas por un estado de euforia ante lo nuevo, o atraídas por la experimentación, el desarraigo de su identidad, y el culto a lo universal, quieran asociarse con esa ilusión enclavada en la pretensión aviesa de anular lo nacional, sobre todo de países y economías pobres, pero que mantienen el ideal nacionalista como bandera de esperanza y progreso, siguiendo el legado de su historia, sus mártires e independentistas.
Estos criterios, ya citados, han entrado en conflicto con el virus global pues este ha impuesto que cada quien cerque su territorio como propiedad inalienable.
