Hilary Clinton emitió un ¡wow! al saber que Muamar el Gadafi había sido asesinado. No hay más detalles. La boca tapada y el rostro enrojecido es imagen del momento en que formaba parte del grupo de colaboradores de Barack Obama que contemplaba a distancia la acción de las fuerzas estadounidenses que daban muerte a Osama Bin Laden en Pakistán. Un dictador y un terrorista son los asesinados, pero el poder hegemónico es la fuerza que busca legitimar el asesinato.
La destrucción que han causado en Libia nueve meses de bombardeos, y los miles de civiles muertos, son datos que Obama y Hillary quieren silenciar. ¡Es difícil disfrazar la masacre!
Como quedó establecido en 1999, poco después de la destrucción de Yugoeslavia, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, está poniendo el orden en su centro de operaciones y en su periferia. Y el poder hegemónico está a la cabeza de la acción continuada. Gran Bretaña, Francia y la OTAN imprimen el sello global a la acción imperialista.
En Libia, un Estado sostenido por un fideicomiso (ocupación disfrazada) y un gobierno amamantado por la OTAN y guiado por Estados Unidos, son presente y futuro inmediato. Responden a la pregunta de por qué Barack Obama ordenó matar a Gadafi el pasado jueves y no meses antes o días después.
La voracidad de las compañías petroleras dispuestas a explotar fuentes que han permanecido intactas, se manifestará con más fuerza en los días por venir. La vinculación con esas compañías de ciertos grupos financiadores del proyecto de Obama, y la identificación de la oligarquía saqueadora con el negocio de la llamada reconstrucción de Libia, serán piedras de escándalo.
Pero además, desde cualquier rincón del mundo, es importante preguntar dónde darán la OTAN y el poder estadounidense el próximo golpe, y cuáles serán los nuevos escenarios de guerra. La interjección de la secretaria de Estado y la señal de victoria del presidente, no son manifestaciones de una fuerza liberadora, sino de un poder imperialista agresor, saqueador y asesino… No nos llamemos a engaño.
