Pedro P. Yermenos Forastieri
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El presidente Danilo Medina ha ofrecido demostraciones inequívocas de haber realizado ingentes esfuerzos por permanecer en el poder, no solo más allá de los períodos por los cuales ha sido electo, sino de sus promesas olvidadas de solo aspirar a gobernar 4 años y ni un día más.
Al finalizar su primera gestión, recordemos que modificó la constitución para poder repostularse en el 2016, haciéndolo como siempre lo alcanzan los presidentes para quienes el respeto a las normativas a partir de las cuales fueron electos son simples enunciados que pueden ser desdeñados metiendo las manos sin supervisión en las arcas públicas.
Para el 2020, solo la combinación de una robusta repulsión criolla y foránea, pudo impedir que se saliera de nuevo con la suya. Poco resignado, optó por una especie de reelección simulada, imponiendo, como sus propios compañeros, a quienes despojó de sus derechos a competir en igualdad de condiciones, tuvieron a bien admitir, a un soldadito cumplidor sin objeción de sus órdenes iluminadas.
Por fortuna, todo parece indicar que la estrategia no está produciendo el resultado esperado y la eludida pérdida de la conducción del Estado se encamina a ser irremisible realidad. Pero el personaje no duerme y acecha.
Llegó la pandemia y, con ella, la oportunidad de pescar en río revuelto, lo que podría lograrse creando las bases para impedir que las elecciones sean celebradas antes del 16 de agosto y propiciar que mientras tal cosa no ocurra y tome posesión el nuevo presidente, el actual mandatario siga con las riendas del poder que se resiste a soltar.
Dos aspectos abonan la sospecha que ha surgido en el sentido de una intencionalidad dirigida a prolongar un mandato con fecha fija de término. El primero tiene que ver con las respuestas ofrecidas para combatir la covid 19, caracterizadas por el desprecio a propuestas de coordinar de forma mancomunada políticas para ser implementadas; la obstinación en no comprender que la aplicación masiva de pruebas es la más efectiva de las herramientas; y en no ser lo suficientemente rigurosos para lograr mayor respeto por la preservación de la distancia social y el confinamiento.
El segundo elemento, muy importante, son las teorías enarboladas por abogados constitucionalistas vinculados al poder, intentando proporcionar soporte jurídico a la probabilidad de que, “impedidos” de celebrar el certamen electoral y llegado el día de la restauración sin presidente electo, Danilo Medina continúe al frente del Ejecutivo. Continuará.

