Los elogios llegan a manifestaciones de agradecimiento que lucen exageradas por el innegable “apoyo” en la venta de vacunas al país. Apoyo que cae en el contexto en que se reciben que es el de la catástrofe provocada por el virus, pero a lo que también nos resistimos a creer que no guarda una cuidadosa interpretación de que debe revisarse fundamentalmente la creencia de que detrás de todo este gesto de solidaridad no existeun deseo geopolítico (los aliados a Taiwán no reciben el mismo trato).
Total, que como lugar donde se desarrolló el virus y pudo expandirse -como ocurre con su superpoblado vecino Estado de India-, sin embargo, los daños son imperceptibles. Ocultaron todo por la vía de la censura e implicaron a la OMS; pero más: montaron una campaña de desinformación acusando a USA de ser el causal y, ¡vaya contradicción!, es el país más afectado. Quizás es la lógica oportunista que ha dado pie a la producción masiva de vacunas y que le ha servido de contrapunto a las potencias occidentales que han sufrido los peores daños en el planeta.
China está limpia y su economía vigorosa por ello quiere cosmetizar su régimen como alternativa a las insolidarias democracias, especialmente USA que estimuló la producción de sus vacunas para inocular su numerosa población que además es la más productiva e innovadora del mundo.
La “locomotora económica y tecnológica del globo”, pero tiene 32 millones de ciudadanos contagiados y 580 mil muertos, por lo que sería comprensible, que trataría de aligerar sus daños primero que cumplir con las formalidades propias de la vecindad (también la tecnología de frio es de difícil cumplimiento).
Algunos lo han visto como un sacrilegio, pero es bueno recordar el simbolismo de nuestras relaciones con Norteamérica (cientos de miles de dominicanos residentes, remesas, turismo, cuotas y precios preferenciales de azúcar, mercados, zonas francas), en fin, razones fundadamente válidas a la hora de cuestionar unas relaciones históricas y sólidamente estables. ¿Los aportes que haga China popular pueden borrar esta realidad?.
Por: Manuel Fermín
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