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En defensa de nuestro acorralado país

En defensa de nuestro acorralado país

Darío Vargas

La situación abusiva y criminal de la masiva ocupación haitiana a un país pobre, de economía frágil y débiles instituciones, no es comparable absolutamente con ningún otro caso fronterizo o migratorio en el mundo.
El imperio norteamericano y países de “derecha” y de “izquierda” —aliados en el plan contra la RD—, la ONU, la oligarquía haitiana y los líderes e ideólogos del Haití histórico, promueven y apoyan el paritorio estratégico de sus nacionales en hospitales dominicanos. No les interesan los hospitales en Haití, ni la solución de Haití en Haití.

¿Cuándo se preocupó la ONU de patrocinar o gestionar el establecimiento de hospitales en Haití? Ni siquiera lo hizo con el enorme montón de dinero donado con motivo del terremoto de 2010, y cuyo manejo ha quedado oscuro.

Estar de acuerdo con ese plan tiene un detestable e indigno nombre que no tiene nada de cristiano ni de dominicano.
Ya el obispo Santiago Rodríguez ha calificado a la ONU de “imprudente y doble moral”, que, en vez de convocar a las naciones que la integran para abordar la emergencia de un estado de excepción en Haití para establecer el orden mínimo de convivencia, un plan maestro de desarrollo emergente y la provisión de los servicios vitales, lo que hace la ONU, después de guardar silencio ante diversos pedidos de auxilio, es abogar por la vigencia del paritorio haitiano en República Dominicana e impulsar el denunciado plan global de lanzar sobre nuestra pequeña nación el “problema haitiano”, mientras tampoco condena enérgica y funcionalmente el rechazo de los países de la ONU a las migraciones haitianas en sus territorios.

Monseñor Rodríguez dijo que “el organismo internacional se pronuncia de esa forma, sin conocer lo que significa para el país esta realidad de las parturientas haitianas y la gran cantidad de migrantes de ese país que tiene la República Dominicana”, muy por encima de sus capacidades.

Este obispo dominicano ha preferido no enarbolar «la falsa compasión» de los que apelan al inmediatismo facilón, inoperante e hipócrita propio de las ideologías, que solo conducen al caos y a la disolución social y que tantas veces encubre y desvía la atención sobre los culpables reales de los males.

Uno siente que recobra las esperanzas en medio de las durezas de la peregrinación y que toma fuerzas para cargar la cruz de las vilezas y traiciones contra la patria dominicana, cuando escucha la voz valiente de la justicia y la verdad.
Por ello felicitamos a monseñor Santiago Rodríguez —como a todos los que levantan su voz por la Justicia—, por no hacerles el juego a los intereses imperiales y de todas las ideologías, que se han confabulado contra nuestro pequeño y pobre país y han abandonado al pueblo haitiano a su peor suerte después de incidir destructivamente en las bases del débil Estado haitiano en los últimos 30 años, sin ser denunciados por sus supuestos defenso

Por: Darío Vargas
rd.vargas@claro.net.do

El Nacional

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