Hacer teatro serio, provocando la risa inteligente, sacada gracias al zarpazo que logran un buen nivel de texto dramatúrgico y una interpretación fina y acertada, no es una labor sencilla. Y es más difícil cuando se trata de escapar de convencionalismos y facilismos a que llama al humor político, tan dado al panfleto.
Giovanni Cruz, de demostrada experiencia como creador de argumentos de escena, presta su concurso a la compañía Proa, con Lebrón como presidente y Terrero como Paredes, su asistente, es un experimento que trasciende lo comedialmente circunstancial.
No es una pieza para reír en un instante dado a partir de la tragicomedia politiquera.
En el despacho presidencial es una reflexión profunda sobre la falta de institucionalidad, la ausencia de normas, la palidez de las institucionalidades formales y un rico muestrario de situaciones que tienen semejanza, aun cuando no sea descripción exacta, de situaciones que viven países que, como el nuestro, viven etapas políticas de sub-desarrollo.
Actoralmente
Esta pareja histriónica logra una excelente química, pero es de resaltar la capacidad de Lebrón en sus soliloquios (monólogos) con parlamentos cuidadosamente elaborados por las teclas de G. Cruz.
De gran relieve humorístico, Terrero retrata al asistente principal de un primer mandatario, sumiso, oportunista, doblegado y de bajo perfil hasta con su vida intima. Nos conquista con sus tonalidades de voz que describen su alienada domesticación presidencial, mientras que Lebrón deja clara su actitud de firmeza autoritaria y sus debilidades humanas.
Recomendamos con entusiasmo el ver lo que ofrece este trabajo., presentándose en Sala Ravelo este fin de semana.

