En momentos en que se estremece el mundo árabe bajo el proceso de la ardiente e irresistible calle que ya no quiere el oxidado argumento de los gobernantes endiosados, se torna al menos útil, abrir algunas páginas del libro de las frases ocasionales.
Hay, de todos modos, razones para sospechar que alguna rara inducción nada metafísica se esconde detrás de tan marcada espontaneidad y tanto efecto dominó.
Cae un gobierno envejeciente e inmediatamente se levantan otras multitudes a la caza del próximo.
Las movilizaciones, aún las que parecen más libres y espontáneas, se organizan con recursos y en el caso de pueblos enteros, hay que emplear mucho diners y esfuerzos inmensos para poder aguantar semanas y meses de escalofriante resistencia e impugnación del poder ya adormecido y todopoderoso que se hace insensible y secuestra la libertad.
No se halla lejano el día en que las miras enfilarán hacia la región latinoamericana tras agitar a los persas e ir tras el modelo cubano, el socialismo de Chávez y la Centroamérica que no se alimenta del alpiste norteamericano.
Toda iniciativa política paga un precio y Chávez ha de pagar el de procurar la soberanía de su país, la apropiación del petróleo de los venezolanos, la aplicación de iniciativas sociales que van más allá del discurso y que era lo imperante hasta su arribo al poder político.
Ese orbe de sentencias sorprendentes y gratas nunca resulta despreciable.
Pero una cuestión es Oriente próximo y otra el efecto inmediato de una revolución, en el caso de Venezuela, pacífica, que no quiere violentar los procedimientos para no provocar al monstruo que anda al asecho.
Sondea prestamente lo humano, lo ridículo y lo extravagante, ofreciendo una respuesta fresca de lo que se ignora y de lo que sucede.
Aquí ya están funcionando subrepticiamente los pronunciamientos, todavía escondidos, todavía no oficiales contra el experimento bolivariano.
Ya se pueden ver las alas oscuras de los cuervos mejor pagados agitándose en torno de los dólares y pronunciándose en contra de los cambios.
En el universo de las frases hechas cada quien puede tallarse el traje que le venga mejor.
Una de esas máximas inolvidables declara, por ejemplo:
-El cordero que no respeta al rebaño será devorado.
-Cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón.
-Así como la demasiada autoridad corrompe a los reyes, (con viajes de placer costosos incluidos a los mejores destinos internacionales, con factura al dinero del pueblo, con excusas de inversiones y de inversionistas que después no se ven) así el lujo empozoña a toda una nación.
Tú no tienes lo que tienen los demás, y los demás no tienen tus dones; de esta imperfección nace la sociedad. -Gellert.
-Solamente es auténtica la dignidad que no es disminuida por la indiferencia de los demás. -Dag Hammarskjold.
-El mundo es una comedia para los que reflexionan y una tragedia para los que sienten. Horace Walpole.
-El mundo es un absurdo animado que rueda en el vacío para asombro de sus habitantes.
-Cuando nos quejemos del egoísmo de los demás, es porque ese egoísmo ha contrariado al nuestro.
-El mundo es bueno pero a condición de mirarlo en conjunto y sentirlo sin reparar los detalles.
-El mundo da algo sólo cuando se le puede quitar a la fuerza.
-Unicamente los imbéciles no cambian jamás de opinión. Mirabeau.
-Para tener algún éxito en el mundo es necesario destrozar la propia conciencia.
-El mundo grande es un baile de máscaras. Marmontel.
-Con demasiada frecuencia algunos hombres sacrifican el ser a ser distintos.
-Para tener éxito en el mundo hay que hacerse el loco y ser cuerdo.
¡He ahí el mundo!
UN APUNTE
Libia
No menos necesaria suele ser la fuerza de la gente en las calles, como enseña la experiencia, cuando los gobernantes abusan de sus prerrogativas que emergen de ese pueblo al que suelen despreciar y lo olvidan.

