SALCEDO.- Enfrentarse a enfermedades degenerativas congénitas y ver a miembros de una familia destruirse poco a poco no es tarea fácil y lo es peor cuando existe la posibilidad de que el mismo cuadro médico se repita en otros miembros de la familia.
Éste es el drama en el que ha actuado la señora Altagracia Jiménez con tres de sus siete hijos, quienes no vieron cumplir sus trece años de edad en pie puesto que una enfermedad calificada por los familiares y quienes conocen esta historia como muy extraña y sorpresiva, terminó postrándolos en una silla de ruedas sin movilidad en pies y poca en las manos y con problemas hasta para pronunciar las palabras.
Se trata de Lidia, Lidia Zuleyka y Argelio Pérez Jiménez, de 23, 34 y 19 años de edad, quienes viven en la localidad de Montellano, Salcedo, privados de todo bien material y hasta de caminar.
Allí, en una casucha de aquel poblado donde aún tenían que utilizar un burro para llegar a la escuela cuando podíamos estudiar ven pasar los días en espera de que alguien se conmueva de su causa y les brinden las atenciones médicas que necesitan para por lo menos tener una respuesta a esta enfermedad que ha paralizado en todos los sentidos la vida de tres de mis siete hijos.
Así lo indicó Altagracia, la madre de estos tres jóvenes víctimas de esta desconocida enfermedad y a quien le ha tocado echárselos al hombro sola puesto que el padre de esta familia hace más de cinco años sufrió un infarto que terminó por postrarlo en una silla al igual que a sus hijos.
Al visitar la casa de Altagracia Jiménez, sus tres hijos enfermos y su esposo, Juan Francisco Pérez, la situación se torna desesperante y hasta despierta un sentimiento de impotencia y de tristeza. Tanto así que las lágrimas de quienes se sensibilizan ante esta causa no tardan en salir a relucir desde que se abre la puerta de aquella casa donde se encuentran tres personas jóvenes con deseos de superación y con ansias de que alguien se mueva en su auxilio, postrados en sillas de ruedas viendo como le pasan los días y su situación no mejora.
Al llegar al lugar, se alcanzan a escuchar los lloros incesantes de aquel padre de familia que sin poder siquiera moverse sólo habla con las lágrimas y uno que otro llanto mientras que las sillas de ruedas unas al lado de la otra y sobre ellas aquellos jóvenes que llevan entre 7 y 10 años postrados allí.
Aunque el joven Argelio Pérez aún no ha perdido la movilidad completa de sus piernas y puede dar uno que otro paso ayudado con muletas teme que en unos días también termine sin poder dar un solo paso para cumplir ese sueño de terminar sus estudios que tuve que dejar cuando la enfermedad me atacó.
Según contó su madre, Argelio era un estudiante brillante que aún con todas las limitantes económicas que tenemos se subía en un burro para bajar de esta loma y llegar a la escuela.
Dijo que pudo llegar hasta tercer grado de bachillerato y que siempre soñó con ir a la universidad a estudiar ingeniería civil y hacerse profesional para ayudar en su casa y que la situación económica de sus padres mejorara.
De su lado, Lidia y Lidia Zuleyka que llevan mucho más de cinco años en esas sillas con total desconocimiento de qué nos pasó, soñaban con tener sus salones de belleza y también ayudar a nuestros padres en la casa.
No es fácil tener sueños y pensar en que es muy probable que nunca se hagan realidad, fue la expresión de Lidia Zuleyka Pérez a quien invadió la nostalgia mientras hablaba de su situación y miraba la condición en que se encuentra su familia.
Mientras que la madre de estos jóvenes dijo que estamos vivos por la gracia de Dios en este lugar se nos dificulta todo porque estamos retirados de la ciudad e incluso de nuestros familiares que viven en Santiago, pero ellos aunque quisieran no pueden ayudarnos y nosotros no tenemos dinero para trasladarnos allá.
En este sentido, dijo que día y noche oro a Dios para que alguien pueda echarnos una manita.
Un apunte
Lo que dice la gente
Se afirma que la enfermedad que aqueja a tres miembros de esta familia es causada por un extraño líquido con el que nacen y se les riega en el cuerpo inutilizando sus miembros motores, sin embargo esto no ha sido aún comprobado, por lo que el hecho continúa siendo un enigma médico.

