Todo comienza a las 6:15 de la mañana con un rín del programado despertador. Ella se tira de la cama y el se queda, total, no tiene empleo.
Para ella la jornada de trabajo comienza a las 8:00 en punto, pero antes hay que agilizar a los muchachos para que se apuren y lleguen temprano al colegio, hay que estar pendiente de que el uniforme está bien puesto, que desayunen, que no dejen la merienda ni los útiles y disponer en la casa al servicio sobre lo que se preparará de comida.
Antes de llegar al trabajo un pleito con los tapones y como siempre un pequeño desvío para dejar los niños, no sin aprovechar el trayecto para hacerle algunas reiteraciones para que se porten bien durante el día.
8:00 de la mañana. El sigue en la cama durmiendo o viendo televisión. Ella comienza su otra jornada de ocho horas de trabajo fuera del hogar, a la que a veces le roba par de minutos para llamar a la casa con el propósito de
cerciorarse que todo va bien con el servicio. Que la ropa se lave, que la casa se limpie y que se le sirvió el desayuno al marido.
10:30 de la mañana. El lee el periódico para seguir su larga búsqueda de una oferta de trabajo que esté a su nivel. Ella recibe una llamada de la trabajadora doméstica que le recuerda que de camino a la casa tiene que traer algunas provisiones ya agotadas.
12:30 de la tarde. El como casi todos los días está al teléfono haciendo gestiones para conseguir empleo. Ella recoge los muchachos para almorzar en casa y apenas le da tiempo para tragarse la comida.
3:00 de la tarde. El sale a hacer algunas gestiones para conseguir el único trabajo que puede hacer: El trabajo remunerado. Ella llama a la casa y habla con cada uno de sus hijos. A cada uno le pregunta sobre sus tareas y le recuerda que cuando llegue tienen que estar listas para revisar.
5:00 de la tarde. El no dice adonde va. Ella sale del trabajo, pasa por el supermercado, compra materiales para una práctica del más grande de los varones, va a visitar una amiga enferma y llega a la casa a disponer para la cena y a supervisar una por una cada tarea de los tres muchachos.
7:30 de la noche. Ella lo llama para anunciarle que la cena está lista. El llegará más tarde porque está demasiado ocupado ahogando las penas de tanto tiempo sin un empleo.
9:30 de la noche. El aún no llega. Ella media en un pleito entre los dos varoncitos y lee un cuento a la pequeña para hacerla dormir.
11:00 de la noche. El llega oliendo a alcohol. Ella y los niños duermen. Un día más y ya van 9 meses que ella sola asume todos los gastos, asume todas las responsabilidades de la familia y asume con paciencia sus malos humores por no tener un trabajo. El solo espera encontrar un empleo y la historia no es única. Se repite entre muchas familias dominicanas y latinoamericanas entre el cielo y la tierra.marilei@hotmail.com

