Por Ernesto Guerrero
guerrerocamiloe@gmail.com]
El virus de la covid-19 circula en la población, semanas o meses antes de detectar el primer caso. El pico de esta primera ola epidémica, ocurrió a finales de marzo y dos semanas después tuvimos los reportes de fallecidos más elevados.
A partir de esa fecha se han registrado otros brotes de menor magnitud, determinados la combinación de cuatro variables: Edad, temperatura, transmisores eficientes y medidas de mitigación.
Por carencia de pruebas diagnósticas, un protocolo obsoleto y una definición de casos y muertes restrictivas, perdimos la oportunidad de contener efectivamente la epidemia en sus inicios.
Durante el brote en San Francisco vimos cómo se desbordaron los servicios hospitalarios y como muchos fallecidos fueron omitidos del registro oficial. No obstante, somos líderes en fallecimientos por covid en Centroamérica y el Caribe.
Esta primera ola se inició entre personas de clase media y alta con contactos en el exterior y dominicanos que regresaban de Europa.
El crucero, la boda, la reunión de la iglesia, y la violación a las medidas de aislamiento contribuyeron al desarrollo. ¿Por qué afectó a este grupo? Un porcentaje mayor de envejecientes, aglomeraciones en espacios cerrados y climatizados, presencia de asintomáticos portadores con mucha carga viral.
La epidemia inició su descenso concomitantemente con e las medidas de confinamiento, el uso de mascarillas y las prácticas de distanciamiento. Si bien en los barrios no se cumplían, las aglomeraciones en la calle, y espacios abiertos de escuelas y oficinas públicas eran más esporádicas.
Por eso “la marcha del peregrino” no tuvo ningún impacto en la transmisión del virus. Estimaciones del Instituto de medidas en salud y evaluación de la Universidad de Washington indican que los casos de covid-19 que reporta el ministro solo representan una pequeña fracción, pero con beneficios políticos puesto que mantener un numero bajo de pruebas, modifica el índice de positividad, morbilidad, letalidad y número de casos.
¿Tendremos una segunda ola? Las encuestas serológicas ayudarían a responder esa interrogante.

