En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama alabó el anticomunismo encarnado por Ronald Reagan y por el difunto Papa Juan Pablo II, y mencionó como líder meritorio al desacreditado y probadamente corrupto ex gobernante polaco Lech Walesa…
Esto es suficiente para calificar como manipulación descarada lo expuesto en esa pieza; pero es más grave todavía el hecho de que Obama justifica la guerra preventiva y muestra que está dispuesto, no sólo a cumplir el pacto de impunidad que ha hecho con los beneficiarios del negocio de la guerra, sino también a dar continuidad del saqueo imperialista.
Habla de la guerra como recurso para conquistar la paz, y, dado que es un experimentado manipulador, finge desconocer la naturaleza clasista de las guerras.
Dice que la guerra, de una forma u otra, surgió con el primer hombre. ¡Es una afirmación mentirosa y antidialéctica! No quiere reconocer que es producto de la sociedad de clases, porque tendría que validar entonces las guerras de liberación, ésas que se libran cuando se agotan todos los demás recursos para imponer el respeto a los derechos de las mayorías.
Pero Obama, como lo hubiera hecho Ronald Reagan o alguno de los Bush, valida la guerra imperialista y busca tipificar como como crimen la lucha por la igualdad.
Las afirmaciones maniqueístas y las definiciones antidialécticas con que construye el discurso, lo llevan a proclamar que la guerra es necesaria. Habrá ocasiones en que las naciones, actuando individual o conjuntamente concluirán que el uso de la fuerza no sólo es necesario, sino también justificado moralmente, dice. Y afirma que fue un acto de justicia el lanzamiento de toneladas de bombas en la clausurada Yugoeslavia.
Tal como los dirigentes europeos de 1999 no condenaron los bombardeos a Yugoeslavia ni advirtieron que la escalada de guerra era una ofensa a Europa, los actuales no se inmutan ante el hecho de Obama, el pasado jueves, presentara como legítima la hegemonía de Estados Unidos. El calificativo de abyectos es suave en este caso.
Dedicó sólo una línea a la guerra de Iraq, sin mencionarla, y sin mencionar, por supuesto, el jugoso negocio que ha constituido para la ultraderecha. Y presentó como justo y necesario el envío de refuerzos a Afganistán… Muchachos que van a matar y a morir, como él reconoce… Enviados por un Nobel de la Paz, hay que añadir.
