Editorial

Escándalo desafiante

Escándalo desafiante

Al margen de muchas otras posibilidades se acepta, en principio, que la señora Sobeida Féliz Morel, imputada por narcotráfico y lavado de activos, y en libertad condicional bajo fianza, desapareció para evadir la acción de la justicia. En otras palabras, que se fugó.

Pero versiones que han circulado en las últimas horas propician, al menos, algunas observaciones que no deben quedar en el aire. Se alega que Féliz Morel, quien había dicho que jamás huiría para no autoincriminarse, habría sido secuestrada por tres desconocidos cuando se encontraba en un salón de belleza en la calle Rómulo Betancourt a esquina Privada. También se especula que había celebrado  en Jima Arriba, Gaspar Hernández, donde se habría despedido de familiares y relacionados.

Ciertas o no las versiones, lo que no se explica es cómo, por la magnitud del delito que se le atribuye,  ésta pudiera también evadir la vigilancia estricta a que se supone estaría sometida. ¿O es que acaso andaba tan libremente como Pedro por su casa sin otro compromiso que  firmar cada martes el libro de registro en la Fiscalía del Distrito Nacional?

El Ministerio Público, que tanto ha protestado por la legítima libertad condicional, tiene que responder muchas interrogantes que se acumulan en torno a la desaparición de la acusada. No se puede olvidar, por de pronto, que momentos después de ser detenida ella responsabilizó a un coronel de apellido Familia de lo que pudiera ocurrirle.

Que se acepte que se fugó no invalida las hipótesis de que pudo haber sido asesinada o ayudada a escapar, como cree la gente, por alguna instancia de poder para evitar que hablara sobre sus vínculos y los 4.6 millones de dólares que se incautaron en el operativo en que fue detenida.

Cualquiera de las posibilidades cuestiona la vigilancia oficial a que se supone estaba sometida. Es muy fácil culpar a la juez que varió la medida de coerción de prisión preventiva a libertad bajo fianza del escándalo que plantea la desaparición de la señora. Pero ahí no terminan las cosas.

El Nacional

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