Desde el surgimiento del humanismo, siglos XIV y XV, consolidado con la Ilustración y llegando a ser la política oficial de la Revolución Francesa y todas las que siguieron en el mundo occidental, la separación del Estado y la Iglesia es un concepto legal y político que separa a ambos, a fin de que la ciudadanía cumpla su derecho a la libertad de conciencia.
Actualmente, esta separación consta en muchas constituciones nacionales que establecen el Estado laico, en otros, aún se evita el término y concepto, prefiriendo eufemismos como, “Estado aconfesional”, por ejemplo. Y al proceso de secularización de la Revolución Francesa, alargado hasta hace unos años, le ha seguido su disminución con el fortalecimiento de las iglesias protestantes evangélicas.
En la región, partir 1988, con la irrupción en la escena política del telepredicador Pat Robertson, con su mensaje a todos los Estados Unidos y a 180 países más, en 70 idiomas y patrocinado por el Partido Republicano, comenzaron a desbordarse “mensajeros/as divinos” que han ido ganando espacio en las democracias latinoamericanas.
Y por supuesto, en nuestro país, a nivel nacional de acuerdo a los datos del año pasado, actualmente, operan cerca 18 mil congregaciones independientes y conciliares, son las cifras del Consejo Dominicano de Unidad Evangélica, CODUE, que cuenta con 374 instituciones representativas.
En nuestro país, constituyen el 30% de la población, cuando hace 10 años, apenas eran el 16%. Coincidiendo, las denominaciones que más crecen son las pentecostales, que representan 70% de las iglesias integradas al Consejo que preside el pastor Fidel Lorenzo Merán, portavoz de un segmento importante de la comunidad evangélica en el país.
De acuerdo a al sociólogo colombiano, estudioso del tema, Javier Calderón C., los rasgos distintivos de la participación política de los neopentecostales, pastores y sus iglesias, se pueden sintetizar en cuatro:
1. Posturas ultra-conservadoras en relación con la familia y restrictivas de las libertades sociales, especialmente a las mujeres en toda etapa de vida.
2. Abiertos defensores del neoliberalismo y la sociedad de consumo.
3. Gran capacidad económica ligada al aporte-convicción de sus feligreses, son grandes recaudadores y con ello intercambian en nuestras democracias fallidas favores políticos.
4. Despliegue mediático a partir de sus propias emisoras, canales de televisión y redes sociales.
La congregación evangélica, hace años considera que debe intervenir la política local y lo está haciendo, lo que contraviene con los principios mínimos de nuestros derechos humanos. Y si no, observen adónde va la Educación formal del país.
¡Los partidos políticos están vendiendo nuestra libertad y dignidad con su doble moral!
Por: Susi Pola
susipola@gmail.com

