Para poder comprender nuestros pesares, creencias y aptitudes actuales, quizás sea preciso retrotraernos a nuestros inicios, es decir, desde el famoso descubrimiento o, por qué no, a nuestra primera invasión o conquista.
Estábamos divididos en parcelas, donde cada uno tenía su cacique y sus esclavos, aunque se creían ser libres algo parecido a lo de hoy día y, desde esa época hemos proseguido siendo lo mismo, aldeas y cacicazgos. Y eso, al menos, es muy bueno, porque repetimos y repetimos los mismos errores, las mismas poses supinas, sumisas, las mismas actuaciones de comercio, cambiando oro por espejitos y todo esto es bueno, muy bueno, porque somos constantes, coherentes en el comportamiento pendejo y el desastre moral.
Cuando no aparece Guacanagarix, se presenta el Perínclito con su unicornio. Hemos hecho y continuamos haciendo el ridículo. Pretendemos ser blancos, blancotes y hasta las costumbres en el vestuario de nuestros conquistadores las llevamos a cabo sin ningún resquemor. Usamos frac; corbatín en mangas cortas y ni puel diablo nos apeamos un saco y una corbata.
En cuanto a la política ni decir, ni comes tú ni como yo, siendo esta la razón por la cual nos encontramos con dos o más cadáveres políticos, enterrados en el mismo ataúd y, eso lo saben hasta los famosos, desacreditados, vapuleados y sufridos, chinos de bonao.
Y todo, porque los políticos, principalmente los aventajados, aprovechados y otros tantos enganchados al negocio de la política, se han encargado de establecer un prohibicionismo inmoral y por demás ilegal, que cohíbe el hablar, tratar o protestar por todo aquello que ellos llevan a cabo, cubriéndose bajo un manto de impunidad. Esto incluye, claro está, la prohibición del voto militar, mientras utilizan a estos, como el pedazo de papel higiénico que en su momento hizo referencia el hombre aquel. Porque la verdad monda y lironda, es que ni por error se pisan la cola entre ellos.
Al parecer, son los mismos genes de aquellos desechos humanos que colmaban las cárceles de allá, en lontananza, por los predios de los reyes y amos y que llegaron primero a estas tierras y que se manifiestan y magnifican en el comportamiento vergonzoso y abusivo de una gran mayoría de nuestros distinguidos y emblemáticos políticos y dirigentes.
Antes de darnos el palo de la gata y defender o pretender justificar lo injustificable, llevan a cabo un preámbulo, vamos a decir, como si hiciesen el papel solemne, cantado o recitado que para introducir la misa católica, hace el celebrante. Aunque en estos casos, es un prefacio endemoniado para protegerse unos a otros mientras prosiguen con sus indelicadezas y reclamos inmorales y vulgares.
Mientras la incertidumbre, esa contradicción insoluble nos hace sentir impotentes, venden visas aquí, allí y allá, como si fuesen mangos, por no decir otra cosa, pretender presentar esta barbarie, esta vergüenza, este desmadre contra la seguridad de la nación, sin darle el carácter debido, es una burla. Querer presentarlo como un escándalo, es simplemente ¡mentira!, no existe tal escándalo, es mucho más. Porque no es ahora que están con ese crimen contra la nación, no es ahora y sin embargo, uno de los líderes y dirigentes de la Corporación o Fideicomiso, heredada del hombre aquel, dice que se va a investigar, pero, ¿investigar qué?
Claro, que si él o los ejecutantes, fuese un militar o policía, en estos momentos estuviese sacudiéndose el país, pidiendo cabezas y la desaparición de esas instituciones pero, como son políticos una bullita y se sanseacabó. M ¡Sí, señor!

