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Esto pienso, esto creo

Esto pienso, esto creo

Sin la concentración de fuerza, no habrá entrenamiento ni Reforma

Soy y así lo admito, un iluso, que siempre ha aspirado a que las cosas se hagan bien y, en cuanto a lo personal, ser feliz sin truncar las aspiraciones de los demás. Me parece que eso también se llama respeto. Hoy, con el mismo pensamiento idílico, garabateo estas líneas con la esperanza de que quizás, solo sea leída por el Señor Presidente, quizás porque reconozca que este es un país Presidencialista, donde todos los problemas, cual Santo Barón, tienen que ser resueltos por el mismo, ya que la inmensidad de teóricos funcionarios públicos, elegidos o nombrados, incluyendo a determinados asesores, por irresponsabilidad o temor, han hecho caso omiso a la esencia de los problemas que nos acosan como sociedad.

Todo se inclina a pensar que vivimos en un eterno déjá Vu, tal y como escribió el filósofo j. Rousseau, de que, la historia se escribe dos veces; la primera como tragedia y la segunda como una farsa, así nos han mantenido todos aquellos que han adoptado la política como profesión para vivir del erario y nada más y, aun así, este pueblo no coge cabeza. No quieren comprender que la esencia – ese conjunto de cosas que hacen de la cosa lo que la cosa es-, de la democracia, es la permisibilidad y el respeto a las normas establecidas, es decir, que toda acción conlleva una reacción y precisamente, es la democracia que cuenta con la autoridad para ejercer esa reacción cuando las normas son infringidas, la cual lleva por nombre, el monopolio de la violencia.

Porque cuando esta no es ejercida o se lleva a cambio ineficientemente o llevada más allá de lo que las mismas leyes permiten, la inseguridad, la corrupción y el vandalismo, corroen los cimientos de la democracia los cuales se hunden en el caos.
El gran problema es cuando los organismos llamados para llevar a cabo el régimen de consecuencia ante la desobediencia para el cumplimiento de las leyes no está capacitado para esto, ya sea por incompetencia o corrupción, simplemente la sociedad colapsa, como sucedió en el Estado fallido llamado Haití, y peor aún, cuando a estas fuerzas se les unen el pandillerismo político, caracterizado por los convenios de aposentos y las acciones mancomunadas con lo más podrido de la sociedad, arrastran a los países al descalabro moral y la muerte de miles de ciudadanos inocentes como sucedió en la Republica del Salvador , al cual hoy, hay que tomar como ejemplo sin importar la ideología política y por encima de las ONG, las mismas que están ahítas de teóricos y vividores en su gran mayoría.
En medio de esta reforma policial -reitero- la esencia se ha tirado de lado, como sería la criminal asignación de servicios por más de 24 horas, cual si fuesen bestias de tiro; nadie habla de la importancia de poder diferenciar cuando un policía está de servicio y cuando en disfrute de libertad, porque el uso del uniforme se ha perdido y con ello el espíritu de pertenencia con la institución, y, en estos momentos, inexistente. En el mismo caballo están los de la Amet, Intrant o cual que sean los nuevos nombres.
Reforma, pero sin concentrar la fuerza, ya que cada vez que se hace una urbanización, cada una requiere una dotación policial, lo cual difumina más la efectividad y hace desaparecer el entrenamiento. La Fuerza tienen que concentrarla para poder proyectarla y, para esos fines, por igual, las FF.AA. deben sincerar sus unidades haciendo desaparecer brigadas, batallones y compañías las cuales solo son cascarones vacíos. Si esto sucediese, el lugar de la inexistente brigada de apoyo de Servicio, Blindados y de Artillería, sería el ideal para concentrar la Policía Nacional. Tal vez continue con esto, quizás. ¡Sí señor!.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
rafaelelpiloto1@hotmail.com

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