Por Ernesto Guerrero
guerrerocamiloe@gmail.com.-
Días después de celebrar la segunda dosis de la vacuna Pfizer, nuestra hija menor nos anunció que perdió el olfato. Con mi esposa sin vacunar y yo con menos de los 14 días recomendados, solo atiné a musitar; ¡Nos jodimos! Fue entonces cundo entendí por qué mucha gente que dice no le teme a la enfermedad, cuando están frente a una eventualidad como esta, entran en pánico.
Rápidamente la pusimos en aislamiento y solicitamos una PCR. Mientras esperábamos los resultados repasábamos los momentos en que violamos el distanciamiento o la mascarilla. Afortunadamente desde que ella sospechó haberse expuesto, se propuso usar la mascarilla cuando interaccionaba con nosotros. ¡Uff que alivio!
Al día siguiente se recibieron los resultados “positivo” Aunque no tenía síntomas dispusimos su aislamiento, mientras nosotros quedamos en cuarentena esperando por nuestros resultados. Se informó del caso a todos los contactos; algunos reaccionaban disgustados otros con incredulidad.
Su mayor ansiedad era conocer de su jefa en el trabajo que compartía la misma oficina y además estaba embarazada.
Durante nuestro trayecto al laboratorio, y con la duda de estar infectados se exacerbaron las medidas preventivas; En el ascensor me negué a que personas subirán sobrepasando el límite, el taxista que nos llevó no paraba de hablar y el que nos trajo de vuelta tenía mascarilla con la nariz fuera. Con todos me peleé solo me serené, cuando mi mujer me dijo: ¡para ya! la gente se molesta cuando se les llama la atención.
En la casa mi mujer que es médico clínico; ordenó que todos tomáramos, ibuprofeno, ivermectina y azitromicina. Se armó “la de Troya”, cuando dije: —no voy a tomar nada que no esté aprobado— en tanto, propuse estricta cuarentena y usar mascarillas para interaccionar entre nosotros. Ella intervino -no tengo síntomas y si la prueba es negativa, en seis días viajaremos a Houston a visitar los nietos. Fue mi otra hija que finalmente sentenció: ¡pospongan ese viaje!
Afortunadamente, “la coronada” sigue asintomática, nosotros, la jefa y compañeros de oficina resultaron negativos. Curiosamente los amigos que compartieron el fin de semana también negativos. Nadie sabe dónde se contagió. Hoy, desde Texas y con mi dosis de ivermectina solo atino a pensar: Estos jóvenes no tienen “componte” debemos usar mascarillas aun en el hogar.

