Actualidad

Eugenio María de Hostos

Eugenio María de Hostos

Molestó la serenidad eterna de las vestales de arena y humo ya sus devotos apasionados y extraordinarios aquí en la tierra.

Escandalizó el nicho intocable de los intereses creados que parecían eternos y no lo eran.

Cometió un gravísimo pecado al profanar, sacrílego, el santuario de los más satisfechos con unos planteamientos renovadores de la formación educativa dominicana no dogmática.

Se convirtió en la obsesión puntual de aquellos que saben muy bien que él ya no puede responderles al menos con argumentos nuevos y directos.

Con tanto fervor lo han querido denostar que hasta sirvió como argumento para apoyar, con el mimetismo de siempre, con la doblez de siempre, un grave e injusto Golpe de Estado a otro ilustre, el hostosiano activo llamado Juan Emilio Bosch y Gaviño.

Pocas veces se ha perseguido con tanta saña a un muerto ilustre como a Eugenio María de Hostos. 

Durante la tiranía se montó un sainete destinado a enlodar su claro nombre y hacer predominar esa educación estática que aún deja sentir su borrasca ostentosa.

A bosch también lo persiguen con otros métodos más sutiles, con una praxis que lo niega abierta, desoladora, con otras armas menos visibles, pero lo persiguen.

De vivir estaría probablemente solo, con unos cuantos incondicionales entregados a iluminar su memoria, avivando su llama amenazada de tormenta. De ver lo que hay como negación del legado ortodoxo que debió dejar a mejor recaudo, pisoteado y maldecido, su horror sería ilimitado.

Intentan hacerlo desaparecer de entre sus discípulos fieles aún habiendo desaparecido físicamente.

Su obra, empero, necesaria en su tiempo, revolucionaria ante el quietismo cómplice que se predicaba desde el púlpito y desde todos los ámbitos del silencio y el terror impuesto, puede hacer el arduo trabajo que él ya no está en condiciones de encabezar por estar ausente.

Precisamente, Hostos demostró que no hay intereses inamovibles per seculá seculorum.

(Cuando alguien de la religión oficial tradicional comete errores, incluidos aquellos claramente gravísimos y aquello se recrea en los medios y se censura públicamente, no se les puede, en justicia, calificar como ataques a esa religión, sino a los que la sociedad encuentra culpables, aquellos que, también en justicia, lo son).

Últimamente, como para no permitirle descansar en paz, se han echado por tierra sus fundamentos filosóficos, se le ha llamado filosofía de calle, barata, porque son para el pueblo, no para una élite acostumbrada a los reponsos y otros sortilegios.

Todo porque predicó una educación libre de los fundamentos religiosos, liberada de rosarios y velas perpetuas y educación “comprometida”.

Lo persiguió la capilla, el santuario, el réquiem y las avemarías en procesión solemne y en ocasiones airada, con profusión de truenos y oleajes anormales en las costas fijas del  padrenuestro u otras inclemencias desmentidas por la praxis.

Todos, incluso los menos enterados, saben que el problema que arrastra, que la excomunión póstuma que lo “encadena” a una eterna crítica injusta, es de puros intereses y que la cuestión teológica o filosófica es la menos importante.

Sus hallazgos, que trascienden el país y se pasean serenos por los continentes, probablemente no sean enteramente filosóficos como educativos.

La obsesión anti Hostos ha llegado hasta nuestros días. Esto le augura unos años más de presencia y de honor al ser el primer desafiante, el precursor de una educación libre de la cadena del dogma.

UN APUNTE

Biografía

Eugenio María de Hostos nació en Puerto Rico el 11 de enero de 1839 y murió en Santo Domingo a los 64 años el  11 de agosto de 1903. Se  educó en España y Estados Unidos. Fue un luchador por la independencia de su país.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación