El hoy reconocido como mayor escritor de Portugal se llamó Fernando Pessoa. Por lo menos así figura en su acta de nacimiento ya que en vida creó 72 identidades diferentes para escribir su obra, de los cuales cuatro son los más conocidos: Alberto Caeiro, Ricardo Reiss, Alvaro de Campos y Bernardo Soares.
Siempre he creído que el hoy afamado autor norteamericano Paul Auster, aprovechó el desconocimiento general sobre Pessoa, para escribir sus novelas, donde también se desdobla en varios personajes.
Mezcla de contador (Kafka) y banquero: (T.S. Elliot), su fama literaria es totalmente póstuma. Durante su vida fue una figura literaria muy menor, en los linderos de la vida cultural y literaria de Lisboa, un oscuro pie de página en los anales de la poesía portuguesa del siglo veinte, en sus antologías.
Sus fotos lo muestran como un funcionario perfectamene seco. Alto, flaco, siempre con sombrero y corbata, y un bigotico que lo convertía en “el hombre menos sensual” del planeta, como si la rectitud y el tedio se dieran de la mano para doblegar la vida abundante que le corroía por dentro.
Pessoa se ganaba la vida como traductor comercial, escribiendo cartas en inglés y francés para compañías portuguesas, lenguas que aprendió durante su infancia en Suráfrica, donde su padrasto era cónsul. Era un oficinista menor, que se describía a si mismo, impersonando a Soares, como “una mutilación de su personalidad”.
Cuando murió, en 1935, se encontraron cajas llenas de manuscritos, unos 25,000, como en el caso de la poeta norteamericana Emily Dickinson, (de la cual en vida solo se conocieron siete de sus 1,500 poemas), quien compartía con él su horror de las multitudes.
Descrito por Octavio Paz como “un solemne investigador de cosas fútiles”, Pessoa expresaba un desdén personal por las antologías, las cuales, al igual que Cortázar, denominaba como “el más vil de los oficios”.
Su libro “Desasosiego” parece escrito para el dominicano, y la dominicana de hoy, y cito:
1.-El sufrimiento nace de la indiferencia que provoca el haber sufrido demasiado”. 2.-En la plausible intimidad nocturna, mientras permanezco de pie esperando que las estrellas invadan las ventanas de este cuarto piso, en lo que parece el infinito, mis sueños se mueven al ritmo de los grandes viajes a países que aún desconozco, o sencillamente hipotéticos…
3.-El destino de todos es ser explotados, mi pregunta es si no es mejor ser explotado por el Sr. tal… , que por la vanidad, gloria, resentimiento, envidia o lo imposible. 4.-No soy diferente del mensajero o la modista. Lo único que me distingue de ellos es que yo puedo escribir.
5.-La poesía y la literatura son mariposas que sencillamente subrayan mi ridiculez, con su belleza.

