Jorge Rolando Bauger
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Desobediencia congénita
Las cifras que reflejan las consecuencias de la Covid-19 son alarmantes.
A la fecha, alrededor del mundo se han registrado 14.5 millones de personas afectadas y son más de 600 mil los fallecidos, mientras que en nuestro país los números hasta ayer eran los siguientes: 55 mil los que han contraído el virus y, mil las víctimas fatales.
Cuando el pasado mes de marzo la Organización Mundial de la Salud advirtió la gravedad de la situación, decretó la pandemia. A partir de ese momento la mayoría de los gobernantes del mundo, así como las organizaciones relacionadas, se manifestaron al respecto advirtiendo a sus respectivos pueblos del peligro que representaba el coronavirus y de sus consecuencias.
Posteriormente, el Papa Francisco alertó al mundo acerca de la globalización de la indiferencia que ha provocado a que ya no se llore ante el drama de los demás.
Por otra parte, la Reina Isabel II de Inglaterra, emitió un mensaje por televisión -el quinto en 68 años de reinado- y de manera inusual se refirió al pasado “ Aunque ya hemos enfrentado otros retos y los hemos superado, este es diferente”. Esta pandemia es tan poderosa que casi provocó la primera caída de una democracia en Europa, citando el caso de Hungría.
“Para volver a la normalidad tenemos que cuidarnos”, concluyó diciendo la Reina Isabel II.
Ni los ruegos del Papa Francisco ni tampoco las suplicas de la Reina de Inglaterra y mucho menos los miles de mensajes emitidos en los medios y redes sociales, han sensibilizado a la sociedad en general y mucho menos a los osados fanáticos del fútbol que, en reiteradas ocasiones, desobedeciendo los mandatos, se congregaron masivamente.
Nefastos ejemplos
Las situaciones a las cuales nos referimos son las siguientes: El partido que disputaron Liverpool y el Atlético de Madrid en Anfield Road con público en las tribunas, con el virus en el aire, produjo múltiples contagios y 41 personas murieron.
En esa misma fecha, los fans del París Saint Germain se congregaron en las afueras del estadio para festejar la clasificación de su equipo a la siguiente ronda de la Champions. Nadie tomó ningún tipo de precaución.
Semanas atrás, miles de fanáticos del Liverpool festejaron (sin ningún control) el título de la Premier League y algo similar sucedió la pasada semana en la ciudad de Leeds, en donde cientos de fanáticos celebraron el ascenso del equipo que dirige Marcelo Bielsa.
En la región de Andalucia, se produjo otro caso similar. La cálida ciudad de Cádiz celebró por todo lo alto y con la alegría que les caracteriza, su ascenso a la primera división. Obvio, el distanciamiento social no existió.
En Italia, numerosos tifosos del Nápoles se congregaron en el centro de la ciudad para celebrar la conquista de la Copa Italia ante Juventus, en tanto que los ultras del Benevento desbordaron el centro cívico al lograr el ascenso a la Serie A.
Como los portugueses son amantes del fútbol, los fanáticos del FC. Porto no se contuvieron y también salieron a disfrutar con desenfreno.
Cuanta pena nos da constatar que el gen de la desobediencia a la Ley, no pueda ser impedida por ninguna vacuna, advertencia o Ley.

