Quiero tomar este tema en mi columna porque no importa lo que uno haga por ellos, siempre van a demostrar su bajeza evitando dar las gracias por los favores que se les hacen en una u otra forma.
Por más que se trate, no hay forma en que se pueda compartir con este tipo de personas. Primero, no saben ganar amigos y menos mantenerlos. Terminan aislados y compensan esto buscando otras personas a las que les hacen lo mismo y así sucesivamente.
Un amigo nuestro se queja siempre de una persona a la que ayudó prácticamente sin límites cuando llegó a Santo Domingo y hoy, que goza de una situación económica y profesional envidiables, ni siquiera lo llama para saber si necesita algo o simplemente para saludarlo y reconocer que hoy es un potentado gracias a la mano desinteresada que le dio en sus inicios.
Y como éste, todos conocemos casos de personas que una vez que pueden caminar solas por la vida, se olvidan de los amigos que les dieron la mano que necesitaban para poder despegar en este mundo tan competitivo.
Otro caso que se me viene a la mente es el de un colega que ayudó a una enamorada que tuvo a terminar sus estudios como abogada para luego de unos años estafarlo y robarle los ahorros de toda su vida. Afortunadamente, mi amigo tiene una actitud positiva y se mantiene en buenas condiciones económicas, mientras la perversa disfruta de los cuartos que tanto le costó ganarse a él.
No me explico cómo puede existir gente así, cuando no hay nada más bello que una amistad transparente y sincera, donde todos se puedan ayudar mutuamente para que no exista la envidia ni el rencor. Pudiera llenar esta columna de ejemplos de ingratitud, pero lo más importante es que aprendamos a decir gracias cuando la situación lo amerite.
Así que hagamos todos un esfuerzo para entender claramente lo que significa dar una mano a una persona querida cuando se encuentre en una situación delicada y que ojalá lo reconozca y que cuando llegue el momento simplemente diga gracias, nada más.

