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Generalidades

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La versátil Carmen Heredia de Guerrero es una referencia clave en las críticas de arte que publica el diario Hoy, gracias a la riquísima cultura que cultivó desde su infancia en un hogar donde se respiraba danza, música y teatro.

Casada con el doctor Juan Bosco Guerrero, doña Carmen es también madre de otra figura prominente en los medios dominicanos, el galeno Héctor Guerrero Heredia, cuyos comentarios y consejos médicos se escuchan diariamente en la radioemisora La Zeta FM.

En las columnas que escribe doña Carmen se refleja claramente el bagaje de sus conocimientos adquiridos a lo largo de una vida plena como madre y profesional de las artes, marcada por una infancia feliz en la que su abuelo, un español de nombre Mariano, jugó un papel importantísimo en su interés por todas las manifestaciones culturales.

Según dijo en una entrevista, el anciano era “todo un personaje: conversador, ameno, narrador de historias y anécdotas de su tierra, que nos emocionaban.  Era un amante de la música, pero la ópera era su pasión. Al levantarse ponía en su vieja vitrola Telefunken los grandes discos grabados de un solo lado, y mi hogar se llenaba de valses vieneses y danzas. En las noches, le acompañábamos a escuchar las grandes voces de principios de siglo: Caruso, Gigli, Pascuale Amato o la Galiicurci. Llevada de su mano vi por primera vez una obra de teatro”.

Esa base cultural fue lo que la llevó a ser, entre otras cosas, directora del Teatro Nacional, donde durante su gestión le dio un auge extraordinario a la solemne sala de la avenida Máximo Gómez.

En la intimidad de su hogar, contó, era un ritual que toda la familia se reuniera para escuchar el programa radial La hora mística, donde se difundía la música de los autores clásicos.

Pero la danza llegó a la vida de la pequeña Carmen cuando asistió en el Parque Colón a una presentación de la Academia de Ballet Flor de Oro Trujillo, que dirigía Magda Corbett.

“Fue mi primer encuentro con la danza”, ha contado en innumerables entrevistas. “¡Quedé fascinada! Al día siguiente, mi madre me llevó a inscribirme en la academia. Desde entonces, la danza no se ha apartado de m

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