¿Qué Pasa?

Generalidades

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Música mala
Soy de los que cree que no hay necesidad de utilizar un vocabulario arcaico, banal, mediocre, si existen tan infinitas posibilidades de combinar palabras y frases de alto nivel literario y lírico.

Lo primero está sucediendo hoy en día con la música, especialmente la nuestra, la autóctona, la que nos identifica como país y como cultura: el merengue, la bachata y hasta el merengue de calle o mambo.
Y como si no bastara con maltratar la letra de lo que consideramos nuestra identidad, recibimos y aplaudimos géneros musicales foráneos con igual o peor calidad literaria.

Por más que se quiera buscar y rebuscar entre las páginas de la innovación, no se justifica que para pegar un tema, se tenga que apelar a la vulgaridad y a la degradación de nuestro idioma.
Se añade a esto, el repiqueteo constante de un estribillo que llena todo el pentagrama, como si la letra y la música se hubieran detenido en el tiempo.
La pregunta que me hago cuando escucho música de tan mal gusto y con tan poca creatividad, es ¿en qué estarían pensando cuando se les ocurrió tremenda “perla”?

Picardía vs. Porquería

La picardía y el doble sentido siempre han existido en los temas musicales, sobre todo en la bachata, considerada durante los años sesenta y setenta, como una música escuchada solo por la clase baja.
Se cantaba, entonces, al amor y al desamor, pero su condición de música destinada a un público menos privilegiado económicamente, la situaba en un lugar desfavorable frente a otros géneros musicales, tildándola hasta de vulgar e indecente.

Sin embargo, es muy posible que en esa época, la bachata tuviera un sentido menos invasivo en lo que respecta a la presencia del morbo en sus letras.
Este género cobró tanta popularidad a nivel general, que la competencia entre artistas se convirtió en una guerra sin cuartel, en donde no sólo se cantaba a la melancolía, a la nostalgia y al desamor (“La sufrida”, “Pena”), sino que se utilizaba cualquier alternativa para pegarse en la radio, aun fuese descargando una batería de frases obscenas y de mal gusto.

Por supuesto que no podemos olvidar que también, en otros tiempos, sonaban merengues y bachatas con doble sentido, como “La receta del curandero”, “La gorra no se me cae”, “El Pajón” o ”El Paquete”. Hasta Johnny Ventura utilizó este recurso en temas como “El Cuavero” y “Pitaste”, pero siempre dentro del género picaresco, sin tonos encendidos.

El Nacional

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