Las verdades se corrompen con el silencio o con la mentira, dijo el grande Cicerón. La desgracia de la corrupción, que registra la historia, siempre ha sido vista en la política misma. Hoy hay muchos presos y muchos grandes han muerto en la peor forma, que no detallo porque el grito del momento es otro y prefiero esos datos históricos para mis memorias que todavía no las quiero comenzar por gandío de seguir escribiendo aunque ya tengo material para varias docenas de libros nuevos.
Quería tratar con urgencia algo del PRD, que trata de organizase y actualizarse. Se dejaron ganar las elecciones con más de dos millones de personas apoyándolos, hasta nosotros mismos coyunturalmente, ya que nos visitó mi viejo amigo Hipólito Mejía. Ya había ayudado a Juan Bosch, a Balaguer y al presidente Leonel Fernández. Me trasladé a mi provincia Moca por un año a ayudar en la campaña de mi amigo el senador José Rafael Vargas.
Como demócrata modesto, a nadie le facturé mi generosa ayuda. He desempeñado docenas de posiciones. No lo pedí nunca, aunque supimos que alguien de afuera me había recomendado a los distintos gobiernos y parece que el trabajo cumplido con humildad, trasparencia y lealtad me blindó desde niño, a Dios gracias. Hoy sigo aferrado a mi profesión de abogado, investigando y escribiendo.
Hoy mi grito es cómo veo de dividida a la familia dominicana, y he querido llamar la atención al superior gobierno y del nuevo a partir del 16 de agosto de Danilo Medina Sánchez, que el problema es prioritario y dicha división acentuada tiene distintas vertientes.
La primera vertiente es la resaca de los amigos del PRD y aliados, y tantas víctimas del desempleo. Ojalá el gobierno pueda distribuir justamente lo que hay, para todos, aunque es una tarea titánica y de compromiso político firme.
Volviendo al PRD, me preocupa la ojeriza que ha levantado el nuevo Tribunal Electoral, máxime cuando ahora en las discusiones partidarias volvemos a ver tribunales dilucidando la materia, antes lo vimos cuando la Junta Central Electoral todavía no se había segmentado; pero en el proceso actual alega la parte del sector de Hipólito Mejía que el TSE viola su propia ley, la 29-II en el artículo 13 en su numeral 2, que no se consideran conflictos internos las sanciones disciplinarias que acuerdan los organismos de los partidos, llámese Estatutos, Comisión Política , si en ellos no estuvieran envueltos candidaturas a cargos electivos o internos de los partidos. Ojalá la superioridad revise bien esta grave situación. ¿Cuál sería el futuro de los partidos y de nuestra democracia si no tenemos seguridad y confianza con nuestra ley al respecto?

